La eterna musa del arte: Dánae

Tal vez sea por su misticismo, por su fantasía, su originalidad, o simplemente, por ser unos de los vestigios más hermosos de una de las grandes civilizaciones antiguas del Mediterráneo, pero la literatura griega y los mitos que la componen han sido la mayor inspiración para artistas de todas las épocas y de todo el mundo. Gracias a la pintura y a la escultura, figuras míticas como héroes, dioses, ninfas y centauros, han adquirido cuerpo y esencia visual de la mano de célebres pintores y escultores de la talla de Rubens o Bernini. Pero, ¿a quién podríamos coronar como la máxima inspiración mitológica en el arte? ¿Esa musa por la que todos estos virtuosos despliegan su potencial para hacerla cobrar vida? Sin duda esa sería Dánae.

Dánae ha sido uno de los personajes mitológicos que más influencia ha tenido en el arte[1] desde el Renacimiento hasta la actualidad. El mito que la envuelve le propicia un aura de belleza y seducción muy característica: encerrada por su padre por el miedo a la realización del vaticinio de un oráculo, Dánae no tenía ningún tipo de contacto con el mundo exterior, solo con una vieja nodriza que la atendía. Un día, debido a su gran belleza, Zeus cae enamorado de la mortal y para consumar su amor, sin ser descubierto, decide convertirse en una lluvia de oro que la baña, engendrando en ella la simiente del que, posteriormente, sería uno de los héroes más famosos de la mitología griega: Perseo.  ¡¿Qué clase de artista podría oponerse a la idea de representar tal hermosa y dramática historia?!

Numerosas manos han intentado moldear, perfilar y otorgar aliento, a través de la pintura, a la figura de esta mítica mujer, pero fue el vienés Gustav Klimt quien, en 1907, con su  modernismo particular y gran talento, consiguió cautivar toda la esencia del personaje. Al contrario de cómo había sido representada anteriormente, Klimt la encarna totalmente aislada, en posición fetal, enmarcada por dos grandes telones y en estado durmiente mientras recibe la penetración de Zeus en forma de lluvia de oro. De este modo, consigue enlazar un sueño dulce al erotismo que genera la imagen, otorgando de suavidad y delicadeza la pasión carnal que sentía el dios por la mortal.

Posiblemente, la idea de representar el aislamiento de la figura de Dánae, tanto como el acto sexual a través de una ensoñación, y la posición corporal, vinieran influenciada en K[2]limt por la escultura del maestro francés Auguste Rodin, quien unos años antes, en 1889, esculpió a esta musa del arte en mármol, inspirado por la técnica del non finito creada por el artista renacentista más influyentes de todos: Miguel Ángel. De este modo, Dánae, embriagada por Zeus, resurge de la roca envuelta en sí misma y atrapada por la sexualidad y el erotismo en un sueño tan apacible y sensitivo que el espectador no puede evitar caer embelesado ante tal representación. La piedra nunca ha adquirido tantos sentimientos hasta que Dánae decidiera encarnarse en ella a través de las perspicaces manos de Rodin y, años después, esta musa haría volar la imaginación y la inspiración de Klimt, animándolo a revivirla, una vez más, en la pintura de un nuevo siglo y una nueva era para el arte.

Inocencia, desnudez, dulzura, atracción, simpleza y majestuosidad se enlazan en esta composición de principios del siglo XX, donde el modernismo consigue resucitar cum laude la figura y esencia de Dánae; sin duda, una de las obras cumbre del Midas vienés.


Autor: Jennifer María González Vera
Corrector: Guillermo Ruiz

Anuncios

Un comentario en “La eterna musa del arte: Dánae

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s