Nada que encontrar

Nada, que encontrar

Me busqué,

como se busca al otro par del calcetín suelto,

perdido, olvidado en el cajón;

como se registra la lista de reproducción

en busca de ESA canción.

Me busqué, sí,

pero no encontré nada.

Y quizá ese sea el dilema,

que aunque “nada” –nado—,

moja, “ahoga” –me ahogo—.

Porque a veces la nada duele,

aunque no sea,

nada.

Porque el problema no es no encontrarse,

sino no saber qué buscar,

incluso cuando lo que se busca

eres TÚ.

Safo, la décima musa

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