Desdibujando a través del hierro

El pasado jueves 25 de febrero, Orbe se dio cita en la sala de exposiciones Manuel Barbadillo con uno de los artistas contemporáneos más célebres de Málaga: Paco Jurado. Este fantástico escultor, innovador e inspirador, expone su obra Retrospectiva en el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga. A través de ella podemos percibir la evolución del artista y su visión del arte mediante el dibujo, la pintura y la escultura desde su joven comienzo con tan solo 14 años, hasta la actualidad, donde son 71 los años de vida, experiencias y arte los que le avalan tanto su talento como su  fama.

Con esta entrevista, no solo disfrutamos  de la mente, la visión y el trabajo de uno de los artistas más prodigiosos que Málaga ha visto nacer, sino que también disfrutamos de las vivencias y consejos que Paco Jurado nos brindó, rompiendo esa barrera entre entrevistado y entrevistador, donde nos lanza unos consejos a la juventud que deberíamos coger, fundir, bombear y darle volumen en nuestro pecho, creando con ellos nuestras propia fuerza, nuestra propia obra. [4].jpg

Al nacer en el seno de una familia obrera y numerosa en el año 1944, en plena dictadura, donde la libertad de expresión solo era un sueño lejano, dígame, ¿cómo fue su primer contacto con uno de los conductores más puros de la libertad: el arte?

Mis primeros contactos con el arte fueron mediante el juego. Como todo niño, yo salía de la escuela y, mientras había compañeros que jugaban al fútbol o a cualquier otro juego de la calle, yo recogía pedacitos de papel donde pudiera dibujar algún garabato. Para mí era necesario tener un lápiz y esos papeles donde pudiera seguir dibujando.

Recuerdo que, de camino a la escuela, había un taller de impresión donde había una guillotina con la que recortaban los papeles a la medida que necesitaban y el sobrante caía al suelo, olvidado e inservible para cualquier otra tarea del taller, pero para mí aquellos deshechos eran un tesoro. Así que, a escondidas, me colocaba al lado de la guillotina y recogía esos pedazos de papel, hasta el día en que me pillaron y me regañaron por el peligro que conllevaba hacer lo que hacía, pues la maquinaria me podía cortar la mano perfectamente. Cuando le expliqué a aquel señor que me encontró escondido que utilizaba los recortes para dibujar, él comenzó a proporcionarme todo el papel sobrante que quería. En cierto modo, él fue mi primer impulsor en el arte.

Por aquel entonces tendría unos once años, y fue él quien me pidió que, algún día, le llevase uno de mis dibujos porque conocía a algunas personalidades del gremio del arte. Así empezó todo. Me comencé a abrir camino por mi cuenta, sin recurrir a mis tíos, que me podían ayudar perfectamente, ya que eran académicos en Madrid, pero apenas tenía contacto con ellos.

[1]¿Cómo supo que quería dedicarse a ello?

Mi primera exposición la hice con catorce años, en una sala que, desgraciadamente, ya no existe. Para mí fue una sorpresa que no tendrá parangón alguno en mi vida, se vendió todo a la hora y media de inaugurar la exposición. En esa época todo lo que realizaba era en papel y en óleo, y gustó bastante. Recuerdo los titulares de los periódicos, las felicitaciones y mi propia sorpresa, todo esto me hizo recapacitar. Supe inmediatamente que ese era mi camino, a pesar de lo duro que es ser autodidacta y de las críticas academicistas, para los que yo era un hereje, pues la libertad de expresión no existía y el arte, a grandes rasgos, estaba sometido a la dictadura. Eso chocaba muchísimo con mi forma ser, pues siempre he sido muy contestón y muy liberal, nunca me ha gustado que me dirijan, he sido siempre muy inquieto y un revolucionario. Está feo que lo diga, pero incluso lo he sido con mis padres.

Sabemos que un artista nunca deja de aprender. Esto lo podemos ver perfectamente en su exposición Retrospectiva donde nos enseña la evolución de su arte desde el comienzo hasta la actualidad. Pero, ¿en su juventud se sirvió únicamente de una enseñanza autodidacta?

Sí, mi enseñanza ha sido plenamente autodidacta. He tenido la influencia de grandes artistas locales y andaluces de los años 50 y 60 como Francisco Moreno, gran pintor malagueño con quien aprendí a mezclar colores y a crear mi paleta cromática. He de decir que con quince años me fui de casa, a Granada, a conocer a un maestro pintor, y este hombre me acogió durante dos semanas. A mi me daban por muerto en Málaga hasta que aparecí al mes y pico.

También he de añadir que yo siempre he trabajado en lo que he podido, tanto para ayudar a mis padres y a mis hermanos como para mantenerme y comprarme el material artístico, ya que no quería que mis padres se ocuparan de esos gastos. He intentado siempre ser lo más independiente posible y aprender por mí mismo. Pero ser autodidacta no quiere decir que yo no haya chupado del néctar de la flor de muchos artistas como los anteriores mencionados, además de Paco Moreno, Alfonso de la Torre, Virgilio Galán… Ellos siempre han sido constantes en mi vida. He visitado sus estudios y he viajado mucho, tanto por Europa central como por Latinoamérica.

Y esto os lo digo siempre a la gente joven, os aconsejo que viajéis, viajad, como también os digo que es imprescindible pasar por una facultad. Haced ambas cosas. Utilizad bien las facilidades que tenéis hoy en día, por las que hemos luchado tantas personas de mi generación para que no os veáis en situaciones duras y difíciles como nos hemos visto nosotros. Hago un guiño aquí a los jóvenes artistas malagueños, yo fui uno de los percusores por la lucha de que se creara la Facultad de Bellas Artes en Málaga, junto con Francisco González Romero entre otros, y lo conseguimos, así que no desperdiciéis la oportunidad ni nuestro esfuerzo y aprovechadla al máximo.

 

Siendo un artista sin renombre ni apellido o linaje familiar destacable en la sociedad cultural de entonces, es decir, un homo novus, ¿le ayudó alguien en el impulso de su carrera artística?

Claro, me ayudó muchísima gente, pero mi gran apoyo fue sin duda Paco Moreno, o Francisco Moreno como gustes, él pagó mis primeros pasos en el mundo del arte. Después me ayudaron las instituciones, luego vino el apoyo de Alfonso de la Torre y Virgilio Galán, ambos me daban muchísimos ánimos y eso era lo que más me ayudaba a crecer y a seguir. Siempre he intentado rodearme de personas que me transmitieran esa fuerza y esos ánimos.

Sabemos perfectamente, y más la gente joven, que los comienzos son muy difíciles. ¿Pensó alguna vez en abandonar el arte?

Si te digo la verdad, no. No porque, cuando yo llego a la Escuela de Formación Profesional, entra otra etapa en mi vida, que es ese primer contacto con el hierro, donde yo voy a casar mi oficio de forjador y chapista con mi pasión, el arte, creándome como escultor. Es en este momento donde me doy cuenta que soy más escultor que pintor, pero siempre digo que es necesario pasar por la pintura y el dibujo para entrar en la escultura. Y esta escultura es la que me da el respaldo como artista.

Lo especial de su exposición, Retrospectiva, es que podemos ver como sus creaciones abarcan diferentes campos: la pintura, el dibujo y la escultura. Pero podemos observar que de ellos es en la escultura donde más se realiza. Dígame, ¿por qué la escultura?

Porque, en mi caso, encontré un oficio donde, a través de la materia, a través de bombear ese hierro, podía crear un arte e innovar, que es lo que yo buscaba y lo que quería. Por esto también chocaba con el academicismo de entonces, porque yo quería crear algo nuevo. Siempre se lo pregunto a los artistas jóvenes: ¿qué es más difícil dibujar o desdibujar? Desdibujar, sin duda. Es crear una nueva versión de la realidad, donde un artista das más de si mismo, por eso yo he admirado tanto a Picasso, no por ser malagueño, sino por su concepto del cubismo, o a Juan Gris, o el surrealismo de Dalí, aunque en menor medida ya que a mí me tocan más las líneas  más quebradas. En mi obra Emigrantes, que es la que me ha dado la fama tanto nacional como internacional, es donde veo yo que he conseguido esa innovación dentro de ese «desdibujar» a través del hierro.

¿Por qué el hierro? ¿Qué significa ese material para usted?

Para mí, el hierro era la materia que yo utilizaba diariamente en mi trabajo como chapista y forjador, pero ,a parte, un material tan innoble como es el hierro, la sensibilidad que tiene, la maleabilidad de esta materia y su frialdad. Si tienes el oficio eres capaz de sacarle el alma, y el alma del hierro transmite muchísimo. Después he tocado otros materiales: latón, también el cobre, ahora estoy tocando mucho la alpaca, y con veinte años tuve que trabajar el barro para trabajar con el bronce en la técnica de la cera perdida, pero donde me siento mejor es en la obra directa, y la obra directa es el hierro. Hay que saber el oficio para poder conseguir sacarle el alma a la escultura, si no lo sabes no puedes transmitir. Yo hablo del hierro y me pongo muy sensible [risas]. Personalmente, siento una gran satisfacción cuando consigo sacarle el alma a esta materia con tanta frialdad.

Quien haya podido disfrutar de Retrospectiva puede ver claramente que su arte, principalmente, se inspira en dos de los artistas más influyentes de la historia del arte español: Velázquez y Picasso. ¿Qué significado tienen estos dos artistas para usted? ¿Qué le aportan y de qué manera han influido en sus obras?

Principalmente, la honestidad, la sinceridad y la sensibilidad en Velázquez me sirvieron para interpretar esa figura de la menina en la cultura. Esos volúmenes en la pintura o en la escultura siempre son una constante en mí. Soy muy velazqueño por la impronta de la investigación del propio Velázquez, esas dimensiones en sus obras significan mucho para mí, es un concepto de trabajo muy bueno. Luego me parece que Picasso es un genio, un innovador constante que coge material de deshecho y es capaz de hacer una escultura, además de que todas sus etapas como artista me han transmitido algo. Es más, siempre acuño un hecho, y es que todas las obras de vanguardia tienen influencia de Picasso, directa o indirectamente, y quien diga lo contrario miente.

¿Considera que Emigrantes es su obra maestra en Retrospectiva?

Sin duda, gracias a ella tengo la fama que tengo, tanto nacional como internacional. En ella se aprecia la sensibilidad del entorno que viví de niño, la época de los años 50 o 60 donde la gente emigraba para Barcelona o fuera de España, eso me marcó muchísimo. Estoy muy orgulloso de esa obra y más cuando el propio Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa, quiso tenerla, pero significa demasiado para mí, iba contra mi voluntad dársela, así que creé otra, Caminante, que sí que se la regalé, pero Emigrantes es demasiado importante en mi vida. Yo jamás me he prostituido en mi obra, jamás. He podido pasar penurias, pero jamás he prostituido mi arte.

¿Cómo influyó en usted el contacto con otros eruditos de la cultura, no solo pintores y escultores, sino también poetas y músicos?

Recuerdo que nuestro punto de encuentro era la Plaza de la Constitución, allí nos reuníamos todos y visitábamos las exposiciones de otros artistas de fuera, e incluso las nuestras cuando exponíamos. Y, entre vino, agua y coca-cola, bebíamos unos del arte y del talento de otros. Era un almacén de cultura y pensamiento. El mundo de la funámbula del teatro y la literatura siempre ha estado hermanado al de las artes plásticas y sus influencias son mutuas. Por ejemplo, Pepe Bornoy ¿qué es?  ¿Pintor, escritor, poeta? Yo comencé a escribir pero me quedé ahí, en comencé [risas]. Eescribo alguna que otra introducción para un catálogo de alguna exposición, pero nada más. Lo mío era pintar y la escultura, que es mi campo. Pero sí, he tenido la gran suerte de conocer a celebridades como María Victoria Atencia o a José Infante, Premio Adonáis, que se encarga de dirigir y organizar las tertulias de los lunes del Pimpi de Málaga, un proyecto maravilloso y muy enriquecedor. Personas como ellos te hacen crecer enormemente.

    

¿Para usted la poesía y el arte son rivales, compañeras, o van hermanadas y pueden formar una simbiosis?

Hay una simbiosis, a través del pincel se crean letras y se forma una poesía y viceversa, a través de la pluma se crea una puntura. Hay poesías que te inspiran un cuadro y cuadros que te inspiran poesías.

¿Y qué opina de la fusión entre la música y el arte?

Igual, exactamente igual. Pero a mí la música me toca fuertemente. Recuerdo que mi padre, que en paz descanse, me pilló un día tocando una guitarra eléctrica, me tiró de la oreja, y eso que yo tenía en ese momento una exposición en la Económica, y me dijo: «¡Mira, la pintura o la música, pero las dos no!» [Risas]. Obviamente elegí la pintura.

¿Un artista puede crecer sin viajar?

No. Un artista tiene que estar constantemente viendo museos, nuevos artes, nuevas influencias, en contacto con otros artistas y otras técnicas, y eso te lo aporta el viajar. Si te vas a dedicar al arte en cuerpo y alma tienes que viajar para aprender y para crecer. Un artista no puede estar aislado en su provincia. Eso sí, tiene que tener esos momentos de soledad en su estudio para recapacitar sobre todo lo que ha aprendido y que influya esa información en él, pero esa información se consigue viajando. El artista debe crear una convivencia con otros artistas, y esas convivencias crean, por ejemplo, obras como este mural que tenemos aquí, que fue cuando ocurrió ese desastre del chapapote en Galicia. La composición es una sola ola formada por varios cuadros individuales de distintos artistas con un tema en común y donde cada uno respeta la obra del otro, sin abandonar su propia esencia artística, para formar una sola obra. Esa es la magia de la convivencia de artistas de la que te hablaba, esa mezcla de influencias distintas que cuajan sin tener que imitar a nadie.[3].jpg

Háblenos de Aplama, ¿cómo surgió su fundación? ¿Qué es lo que significa ella para usted y lo que le aporta?

Para mí Aplama lo es todo. Surgió un buen día, cuando estábamos siete locos en la feria de ARCO en Madrid [risas]. Nos reunimos allí, yo había terminado un aspecto muy importante en mi vida, que era mi etapa sindical, y se me ocurrió hacer una Asociación de Artistas Plásticos de Málaga. Me llamaron loco [risas], porque se había intentado varias veces pero no había cuajado la idea por comportamientos muy individualistas, pero yo quería intentarlo y que no fuera solo  para artistas malagueños, sino también para artistas nacionales e internacionales. Sabía que si salía bien sería una experiencia muy constructiva.

Empezamos a trabajar esta idea Antonio Casares Palma, Francisco González Romero, Violeta Forte Romero y varios integrantes más. Nadie daba un duro por nuestro trabajo con esta asociación, y me enorgullece decir que hace unos seis meses hemos cumplido veinte años. Hemos tenidos nuestros altos y nuestros bajos, porque vivir del arte no se vive, es más, para el artista contemporáneo es mucho más difícil vivir solamente de su arte, pero seguimos luchando por que se reconozca el talento, la cultura y el arte.

En cuanto al arte en la actualidad, ¿para usted puede existir el arte sin ser un negocio? ¿Existe el idealismo del artista que no busca el triunfo?

Sí. Yo se lo digo a la gente que se une a Aplama: si vienes buscando solamente las paredes de una sala para colgar y vender, estás equivocado. No, el arte hay que vivirlo, hay que mamarlo, hay que sufrirlo, hay que trabajarlo y, sobretodo, hay que dedicarle toda una vida. No es hacer un sin sentido y listo. Se puede, por momentos, vivir algo del arte, nada más, pero si vas con la intención comercial más vale que lo dejes. Yo he sufrido mucho, cuando vas con una obra insegura, que no sabes si va a gustar, si va a encajar, y más cuando esto lo vives fuera de tu país, es muy, pero que muy duro. Te tiene que apasionar de verdad el arte para soportar todo el sufrimiento que conlleva el mundo del artista.

  

En cuanto a la juventud, ¿qué opina sobre la cultura en los jóvenes?

Yo cada día me llevo una sorpresa con los jóvenes y en positivo. Si algo tenéis la juventud es fuerza e inquietud, y eso es muy bueno, porque vemos que por lo que hemos luchado en un pasado para que tengáis una educación digna, una libertad y una igualdad, está teniendo su recompensa y una respuesta por vuestra parte. Hay de todo en la juventud, como siempre, todo se puede mejorar y siempre hay que luchar por algo mejor, pero, a grandes rasgos, me gusta lo que veo y creo que tenemos mucho que aprender de esta juventud y de gente joven como vosotras.

¿Y sobre la influencia del arte en particular?

Yo me he encontrado con sorpresas en las veinticinco obras que hay ahora en los Lienzos en Blanco de mi obra Retrospectiva en el Museo del Patrimonio Municipal, donde han participado otros artistas como Javier Ros, mucho más joven que yo, y me gusta mucho la frescura que transmite en su obra. Es necesario que el arte se reinvente con gente joven como él, es vital.

¿Cree que las nuevas tecnologías y el arte son compatibles?

Sí, siempre y cuando no sea algo como el arte efímero. Yo soy una persona que respeta pero que no comparte, y el arte efímero no me termina de gustar. A mí no me puedes demostrar que con diez kilos de arena haces una pirámide igual en este sitio y, luego, cuando la trasladas a este otro, la montas igual. Es imposible, no la vas a crear igual. Ya lo dice el nombre: el arte efímero es aquel que se pierde. Ese camino no me va, eso no es arte.

Ahora, utilizar una maquinaria para crear arte, claro, ¿por qué no? Yo, personalmente, no podría utilizar un láser para cortar una pieza, yo necesito el soplete, necesito que me salten las chispas a los pies, que me queme un dedo al hacer la pieza, sentir el calor en mi creación, pero ese soy yo. Aún así, no veo problema en que un artista utilice una herramienta más moderna para hacer su obra, siempre y cuando esa herramienta no sustituya al artista ni al hombre. Eso es otra constante en mi vida por mi etapa sindical, yo estaré a favor de una maquinaria siempre y cuando no sustituya el trabajo de un hombre, ni al hombre en sí.[2].jpg

De forma personal, puesto que es padre de tres hijos, ¿cree que, no solo el arte, sino cualquiera de sus otras herramientas, tales como la poesía o la música, son importantes en la enseñanza?

Totalmente importantes. Para un niño ese contacto con el arte, con la literatura, la poesía, la danza o la música es muy enriquecedor, y nunca debemos frenarlos en esos campos. Siempre hay que animarlos a descubrir más, sobre todo cuando son ellos mismos los que se interesan en descubrir. Yo jamás he frenado a mis hijos a explorar estos campos tan creativos y siempre he intentado que tengan una base creada por unos estudios, porque el mundo cambia constantemente y es en instituciones como las facultades donde ellos se percatan de ese movimiento y ese cambio. El contacto con estas artes—te hablo desde mi experiencia personal— a mis hijos les ha servido para saber cuál era su camino y por dónde querían formarse.

 

Por último, si le preguntara qué le debe al arte, ¿cuál sería su respuesta?

Yo se lo debo todo. Desde que era un simple niño que utilizaba las cartulinas, hasta tener setenta y un años y conocer lo que conozco hoy en día, tener lo que tengo, mi familia, mis amigos del arte y de la cultura en general, vivir lo que he vivido y mi propio crecimiento y enriquecimiento personal. Y le debo todo esto a cambio de nada, todo lo que soy es gracias a él.


Datos de contacto:

Página web APLAMA

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Autor: Jennifer María González Vera

Corrector: Paquibel Sánchez Rueda

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