Santiago Castellanos. ¿Qué quedará, si la Historia perece?

El pasado diciembre, la ciudad de Málaga se vio asaltada por una inesperada invasión procedente del norte de España que, armada con su terrorífico talento, arrasó sin compasión tanto el hogar de los malacitanos como el de los granadinos. Hablamos, ni más ni menos, que del afamado Doctor en Historia y profesor titular de Historia Antigua en la Universidad de León: Santiago Castellanos. Este historiador, científico y escritor lucroniense, tras haber dejado temblando a la gran mayoría de las librerías de España con su novela Martyrium, vuelve a invadirnos por segunda vez con su nuevo trabajo, Barbarus, la conquista de Roma, donde, desde los ojos de Dago y Eldes, descubrimos cómo el mundo de los godos es arrasado por las guerras y, huyendo de las hambrunas y las miserias, emigran hacia la imponente, rica e indestructible vecina, Roma. Allí deberán elegir si perecer o, por el contrario, tomar las armas para poder renacer, una vez más, como el sol invictus en el frío invierno.

Tras haber quedado totalmente maravillada con su obra y haber tenido el honor de conocer al autor en persona, Santiago Castellanos no dudó, ni un solo instante, en conceder a Orbe una entrevista en cuanto se lo propuse. A pesar de haber sido contratado como profesor por la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, hasta este verano el creador de Barbarus ha encontrado tiempo para responder a nuestras preguntas, cosa que queremos agradecerle de nuevo desde aquí.

Así que, sin más preámbulos: ¡AVE SANTIAGO, LECTURI TE SALUTANT! (¡Salve Santiago, los que van a leer te saludan!) [1]

¿Cómo fue su primer contacto con la Historia Clásica? ¿Cómo nace su amor hacia ella y esa decisión de querer transmitirla a través de la docencia?

En mi caso me influyó mucho mi maestro de Latín en el Bachillerato, Luis Jorcano, a quien desde aquí quiero rendir merecido homenaje. Desde chaval me gustaban las cosas «de romanos». En cuanto a la transmisión docente, ha sido la consecuencia de la carrera científica y académica. Es importante saber transmitir, ya no digo conocimientos, que por supuesto, sino entusiasmo por la ciencia a la que nos dedicamos, sea Física, Química o, en este caso, Historia. No sé si lo logro o no, muchas veces siento cierta angustia por no estar seguro de si verdaderamente ayudo a mis estudiantes a entender mejor la Historia o si, por contrario, no soy capaz de cumplir esa función.

¿Se puede decir que fue un libro el impulsor que le hizo ver que podría escribir novela histórica basada en su especialidad? ¿Tiene algún autor favorito?

En realidad la propuesta surgió en una entrevista con Ediciones B, y lo que en principio iba a ser un posible ensayo de divulgación tomó el derrotero de una novela históricaen aquel caso se trataba de Martyrium en la época de Constantino. Estoy muy agradecido a la editorial por todo el apoyo, tanto con Martyrium como con Barbarus.

Teniendo en cuenta las preguntas anteriores, su primera obra, Martyrium: el ocaso de Roma, ¿nace de un afán de intentar ir más allá de las aulas o fue un simple pasatiempo?

Más bien lo primero. Estoy convencido de que los académicos hemos de salir del aula, como bien dices. En otros países es habitual, tanto en ciencias técnicas como humanas. En España, afortunadamente, esto ha empezado ya hace algunos años. El científico puede salir del aula, de nuestros Congresos, a los que no hemos de renunciar por supuesto, para explicar al gran público cuestiones importantes, que pueden interesar. Grandes temas históricos sin los cuales no se entiende nuestro mundo actual, por ejemplo.

¿Fue difícil encontrar esa simbiosis entre la veracidad histórica y las pinceladas de ficción literaria con las que, no solo atraer al lector hacia la novela, sino también intentar que adquiera conocimientos a través de ella?

Sí, muy difícil. La novela ha de tener una trama, unos personajes, y al mismo tiempo, al ser novela histórica, debe tener un fundamento de rigor. Es muy complicado, sí. Lo ideal sería, creo, conseguir entretener, que el lector lea con gusto el libro, al mismo tiempo que aprende Historia.

[2]

¿En qué momento empieza a sentirse escritor?

Me siento profesor, científico, como quieras llamarlo. Mi incursión en la novela
histórica es una especie de mirada de alguien que se asoma a un mundo nuevo.

¿Imaginó alguna vez que Martyrium: el ocaso de Roma  llegaría a convertirse en una novela tan popular?

No, no, en modo alguno. Fue toda una sorpresa. Cuando el libro apareció en multitud de librerías y cadenas comerciales de toda España pues imagina la sorpresa que uno se llevó.

Centrándonos en su último libro, Barbarus, la conquista de Roma, ¿cómo comienza a formarse esta novela en su cabeza?

Digamos que la idea de narrar o contar aspectos del final del Imperio romano había surgido con Martyrium y, en cierto modo, Barbarus es una continuación de la idea, aunque no de la novela. Los personajes son distintos y la época es ligeramente posterior. Martyrium se ambienta en los días del emperador Constantino, a comienzos del siglo IV, y Barbarus lo está entre finales del IV y comienzos del V. Responde a la misma inquietud, aunque con parámetros diferentes.

¿Pensó desde un principio que adquiriría un paralelismo realista con la situación actual de los refugiados sirios en Europa?

Esto fue surgiendo mientras la novela tomaba cuerpo. Recuerdo perfectamente que, mientras el campo de refugiados de la orilla sur del Danubio iba apareciendo en el libro, justo en esos días las noticias sobre la situación de los refugiados copaban los medios informativos. Las diferencias son importantes, pero no lo son menos los paralelismos. El Imperio romano era más o menos el equivalente a lo que nosotros llamamos hoy “primer mundo” y los bárbaros buscaban una vida mejor, en muchos casos, como sucede en Siria, huyendo de guerras atroces, o del hambre, o de los señores de la guerra, como en África.

¿Se puede decir que intenta con sus obras concienciar al lector de que la Historia tiene la respuesta para impedir caer en los mismos errores en los que la humanidad ya cayó alguna vez?

Sin la Historia no se puede comprender el presente. Atención: esto no supone que los paralelismos sean directos. A veces hay muchas diferencias, provocadas por una distancia temporal enorme. Pero procesos similares permiten reflexionar. La crisis del mundo romano, como suelo decir, fue la de Roma, no la nuestra, pero sí tiene elementos que permiten pensar sobre las quiebras de las clases medias, o la multiplicación del gasto, o la polarización social, o cómo asumir a los inmigrantes que llaman a nuestra puerta a la búsqueda de un mundo mejor.

¿Por qué centrar la historia en las vivencias de Dago y Eldes, unos niños?

Porque ellos son los hilos conductores de la [3]novela. A través de su vida recorremos varias decenas de años, por un lado, y viajamos desde el otro lado de la frontera del Imperio, el Barbaricum, precisamente al Imperium e incluso a la mismísima Roma. Ellos son los ojos del lector. Al comienzo de la novela los niños están jugando y una tragedia cambiará sus vidas y, en buena medida, la de su gente, los godos.

¿Se puede decir que ha conseguido todo lo que esperaba y deseaba con este último trabajo?

Yo creo que nunca puedes estar completamente satisfecho de un trabajo que has hecho, pero hasta una medida razonable, sí.

Personalmente e hablo desde la experiencia de una joven universitaria he podido disfrutar y enriquecerme con Barbarus, la conquista de Roma, donde he visto, en otro formato más atrayente, la historia que normalmente solo puedo captar en las aulas. ¿Ha pensado alguna vez que la novela histórica puede ser el nuevo método de estudio para los alumnos de esta especialidad, o por lo menos una ayuda?

Bueno, como profesor de Historia Antigua recomiendo a mis alumnos ensayos y artículos académicos. Esto no obsta para que una novela histórica que sea rigurosa y que tenga fundamento pueda resultar interesante en su formación, además de resultar una lectura entretenida. En cualquier caso, me gusta diferenciar. En el aula me centro en sugerencias bibliográficas propiamente académicas.

¿Ha intentado escribir alguna obra que no sea novela histórica?

Bueno, en realidad por mi profesión he escrito varios ensayos, que realmente es mi trabajo habitual. El último fue un ensayo titulado En el final de Roma sobre el final del imperio romano. Ahora estoy preparando uno sobre la Hispania visigoda, que va a publicar la Universidad de Pennsylvania, aquí en Estados Unidos.

Como escritor y docente, ¿qué ventajas cree que le aporta la literatura a la juventud?

En un mundo como el actual, en el que la información inunda por medios y redes sociales, me parece que no podemos vivir sin literatura, y hablo como lector. Sin los libros, en general, no somos nada; sin la literatura, en particular, tampoco. Un poema, una buena novela, un texto que consiga emocionarte en un mundo tan frío y al mismo tiempo, como decía antes, tan repleto de datos y avalanchas de mensajes de muy diverso tipo, parece que te recluye por un instante, te transporta al mundo de las sensaciones y de los sentimientos, que, me temo, es lo que estamos perdiendo.

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