El arte de la ilustración: Diego A. Bartolomé

Tras haber cautivado a gran parte de los asistentes del Centro Andaluz de las Letras de Málaga con su exposición Territorios de fantasía, el nombre Diego Alejandro Bartolomé comienza a resonar entre las jóvenes promesas de la ilustración y el arte editorial malagueño. Ha creado una simbiosis de varios episodios literarios de los cuentos más populares, como Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas y el Mago de Oz, donde el trazo del lápiz y la suavidad de la acuarela trasladan al espectador al mundo de la dulce y tierna fantasía que solo este ilustrador puede conseguir.

En uno de los jardines más hermosos de Málaga, Orbe ha tenido la oportunidad de entrevistar a este magnífico artífice que tan amablemente respondió a nuestras preguntas en un ambiente cordial y dulce, tan dulce como su propia persona, a pesar del fuerte viento que azotaba la ciudad aquel día. Queremos agradecer desde aquí el trato que nos otorgó, la comodidad que nos brindó y sobre todo, el detalle que tuvo al regalarnos una de las ilustraciones de su exposición. Aquella tarde, la fantasía se le escapó de los dedos y se hizo persona en los labios de Diego A. Bartolomé, y hoy se plasma en esta entrevista que os traemos, queridos orberianos.  

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Cuéntanos Diego, ¿por qué elegiste el camino de las bellas artes?

No lo elegí, ellas te eligen; es decir, yo lo llevaba en la sangre, es algo que no se elige, se nace con ello. De pequeño comencé a dibujar y eso culminó en una pasión que, con mucha suerte, he podido convertir en mi oficio.

¿Tuviste algún antecedente artístico en la familia?

No, ninguno. Lo que sí te puedo decir es que me dieron mucha libertad, me permitieron hacer lo que yo quise, y eso fue muy importante.

¿Por qué decidiste especializarte en el mundo de la ilustración? ¿Te inspiró algún cuento? Coméntanos un poco tu progreso.

Supongo que, como todo niño, comencé a investigar en los campos de la creatividad. Hay niños que eligen hacer deporte, otros tocar algún instrumento, otros bailar. Yo elegí la literatura. Me encantaba leer, y aún me encanta [risas], y cuando vi que, instintivamente, dibujaba lo que leía, descubrí mi sueño: la ilustración editorial.

En cuanto a mi progreso, hice la ESO en Torremolinos y, a la hora de especializarme en el bachillerato, escogí la rama artística. Aquello fue un mundo nuevo, porque ya tenía asignaturas que me apasionaban; parecía que no iba a estudiar, que lo que hacía era jugar [risas]. Además, esto lo enlacé con el Módulo Superior de Ilustración de San Telmo, luego hice el de Graficas Publicitarias y, tras esto, decidí hacer la carrera de Bellas Artes, aquí en Málaga. Es cierto que en ella no me enseñaron ilustración hasta que escogí el Trabajo de Fin de Grado, pero me enseñaron cosas muy importantes como a desdibujar, a experimentar, a encontrarme y a pensar mucho, sobre todo esto último, al contrario de lo que se piensa en la sociedad. El qué vas a hacer después es cosa tuya. Te hablo desde la experiencia: llevo ya dos años en el mundo laboral, y las editoriales te buscan por quién eres tú y qué es lo que te hace único, lo que te diferencia, y eso lo aprendes en la facultad.

El pasado mes de octubre pude contemplar en el CAL (Centro Andaluz de las Letras) de Málaga tu exposición de ilustraciones inspiradas en cuentos tan populares como Alicia en el país de las Maravillas; Peter Pan y El Mago de Oz. ¿Qué significó para ti este trabajo y conseguir exponerlo?

Ese trabajo fue lo que yo estuve cocinando en el primer año de trabajo, donde nadie sabe quién eres, en qué campo destacas y cuál es tu potencial. Decidí inspirarme en cuentos tan populares como esos, donde todo el mundo conocía la trama, para mostrar mis ilustraciones, mi trabajo y darme a conocer. La oportunidad de exponer surgió con Jacqueline, en cuanto me propuso la exposición en el Centro Andaluz de las Letras no lo dudé, agarré la oportunidad. También me ofrecieron dar en el centro charlas a niños acorde con las ilustraciones, y en principio me dio un poco de miedo al tener que dirigirme a un público infantil, porque estaba acostumbrado a uno adulto, ya que he dado conferencias en
Bellas Artes y se puede decir que, esta vez, me entró el pánico
[risas], pero al final me serené y fue una experiencia preciosa.

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Tras tu exposición, ¿cuál es tu siguiente paso, en qué estás trabajando?

Pues la verdad es que todo me va bastante bien. No sé si por la exposición o por las cosas que ya llevaba cocinando de antemano, como encargos de diseños de invitaciones de bodas a clientes privados y demás, que parecía que no me llevaban a ningún sitio. Y fue de un día para otro cuando contactó conmigo una profesora francesa, que quería hacer un libro bilingüe, francés-español; dije que sí encantado, es un proyecto magnífico que, con suerte, verá la luz a finales de marzo. Hace cosa de un mes ha contactado conmigo una editorial eslovaca, a la que le encantó mi estilo, para ilustrar una serie de cuentos infantiles.

Recuerdo que todo esto me vino de sopetón, en dos día ya estaba con un proyecto entre manos, dándome de alta como autónomo y firmando un contrato. La gente me preguntaba: «¿Estás contento?» Y yo respondía: «No lo sé» [risas]. Es cierto, no lo sabía porque todo fue muy rápido y a penas me creía lo que me estaba pasando. Ahora que ya han transcurrido unas semanas de eso, que lo he digerido y saboreado, puedo decir que estoy muy contento.

¿Qué opinas sobre la gente que cree que la ilustración solo es comercial, un negocio, y no un arte?

Que es un negocio [risas], te he jodido la pregunta, lo siento [risas], pero es que es así, es un negocio. ¿Qué opino de esa gente? Pues que soy uno de ellos. Te explico: el arte y la ilustración son dos calles paralelas en una misma ciudad, las dos forman parte de un mundo creativo donde partimos de cero y creamos algo. Lo único que pasa es que hoy el arte ha pasado a ser una filosofía, un modo de vida, pero no deja tampoco ese rasgo económico que lo caracteriza. Hay piezas de artes por las que se pagan millonadas, pero hay algo más: tu persona se antepone a todo. Mi obra artística, como artista, no tiene nada que ver con lo que yo hago ahora, que es muy comercial, y yo lo sé. Y hasta que yo no tenga un nombre, ni haya publicado varias veces, no puedo hacer algo más artístico, no me puedo anteponer a lo que pide el cliente o la editorial, o a lo que pide el autor del propio libro. La ilustración es comercial.

¿Cómo es el compañerismo y la competencia en el mundo de la ilustración?

Va por fases. Cuando eres joven y empiezas a especializarte en este mundo, hay mucha envidia infantil, hay esa competencia de: «Quiero más nota» o «Quiero hacer eso igual que tú». Es un constante: «yo, yo, yo, yo…». Y personalmente veo eso como un comportamiento de niñatos. Cuando terminas esa fase, porque en mayor o menor medida todos pasamos por eso, la vida te da una colleja y te das cuenta de que has perdido el tiempo envidiando al compañero en vez de enriquecerte a ti mismo. En la fase donde yo estoy, el compañerismo que hay es constructivo. Nadie envidia a nadie, y lo que oye son solo ánimos y consejos, que es lo que realmente necesitamos. Hay que saber admitir que hay gente mejor que tú y siempre la va a haber, pero que tu estilo y tu forma de hacer las cosas siempre será única y nadie podrá hacerlo nunca, jamás, como tú lo haces, y eso es lo que al final importa porque eso es por lo que te buscan: la originalidad; y lo peor que puede hacer alguien es copiar a otro.  

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A nuevas promesas del arte, que quieren explorar y dedicarse al mundo de las ilustraciones ¿le aconsejarías que lo hicieran o, por el contrario, que abandonaran?

Que lo hagan, pero que sepan que esto es duro, que este trabajo no sale en un día. Esto es una carrera a fondo y gana quien más aguanta. A mí me ha salido un contrato con una editorial después de dos años haciendo cosas que no sabía a dónde me llevarían. Yo veo gente que entra a trabajar a las nueve de la mañana, salen a las seis de la tarde, tienen su sueldo, su contrato, no tienen que pagar el autónomo… y son ventajas. Mi mundo es más sacrificado y hay que ser muy disciplinado, pero estoy haciendo lo que me apasiona, con menor o mayor éxito pero sigo en pie, trabajando y esforzándome al máximo. A personas que sientan lo mismo que yo por el mundo de la ilustración, que les llene y que les guste, independientemente de las ganancias materiales, les aconsejo que sí, que exploren este mundo y lo conviertan en su oficio, pero que no se les olvide que es un mundo muy duro y sacrificado, como tantos otros del ámbito creativo y artístico.  

Tienes una forma muy suave y muy dulce de representar tus ilustraciones. Digamos que, quien vea tu trabajo, puede llegar a pensar que está hecho por una mano femenina. ¿Existe algún cliché en este mundillo de ese encasillamiento de estilo masculino y femenino?

No, creo que no, no existe ese encasillamiento. Uno con su arte expresa lo que es y lo que siente, y sobre todo lo que quiere transmitir. Yo soy muy dulce y muy tierno, y siempre intento hacer unas ilustraciones que lo reflejen, es mi forma de ser y a penas se puede obviar, porque sería obviarte a ti mismo. El mundo de la ilustración infantil me llena tanto por esa dulzura.

Es más, te podría decir que ese encasillamiento de chicas que solo hacen ilustraciones infantiles y chicos que hacen ilustraciones para videojuegos y comics tampoco existe. Yo tengo muchísimas compañeras que son buenísimas en los campos de los videojuegos y en el de los comics, y compañeros que son muy buenos en ilustraciones infantiles.

Además, a un ilustrador o ilustradora jamás se le debe juzgar por su sexo ni limitar por ello, y prefiero, incluso, que solo se les conozca por su trabajo y no por su cara. De hecho, a mis grandes referentes solo los conozco por su trabajo y no por un rostro.

¿Te dedicas solo al mundo editorial, es decir, a proporcionar ilustraciones para libros o también a otros campos?

Desde que empecé, trabajo todo. Todo lo que me ha salido lo he trabajado y lo he hecho. Es verdad que mi meta principal siempre fue la ilustración editorial pero, como he dicho, los objetivos se trabajan y no se alcanzan en un solo día. Hay un largo camino hasta llegar a ellos que algunas veces nos gustará más y otras, menos.  Yo he creado desde estampas de comunión hasta tatuajes —es lo que se llama prostituir tu arte y tu trabajo—, pero del aire no se vive, y siempre queda camino que recorrer para alcanzar tu meta y decir: «Pues ahora solo me voy a dedicar a las editoriales».

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¿Por qué elegiste como imagen de tu nombre un osito?

Porque es mi oso de peluche de cuando yo era pequeño. Es lo típico que te ha acompañado y te acompaña durante toda la vida. Yo sabía que tenía que elegir algo que siempre haya estado conmigo, que me identificara, y mi oso era lo único que cumplía esas características donde podía fusionar mi mundo de fantasía y mi realidad. Mi oso de verdad no tiene capa ni nada, está lleno de moho, no tiene nada que ver [risas].

También utilizo el caballito de mar, pero no es mi imagen principal, es como el antagonista de mi oso. Para mí, el caballito de mar representa la ambigüedad, lo que puede ser y no, es un animal de la tierra pero perfectamente podría ser un extraterrestre [risas]. Yo siempre digo: estás frente a una pecera, hay montones de peces, montones de colores, y de repente sale un caballito de mar y lo primero que se te pasa por la cabeza es: «¿Qué hace esto aquí?». Es como un dragón, pero no es un dragón; es atemporal y, con esto, el caballito de mar cumple una de las características de mi trabajo que siempre he intentado que esté muy clara: no quiero ser sexista, no quiero hacer ilustraciones sexistas. Para mí, el caballito de mar refleja eso. Luego es verdad que los clientes son muy sexistas y yo me tengo que adaptar a ellos, por eso digo que la ilustración antes que arte es un negocio.

¿Qué te ha proporcionado el mundo de la ilustración y las bellas artes personalmente? Es decir, ¿de qué manera te ha enriquecido?

En todo. El arte es terapia y te beneficias mucho de él. A mí me pilló la carrera de bellas artes en un momento en el que la necesitaba, muchísimo, y me ayudó a encontrarme y a enfrentarme cara a cara con mis problemas. El dibujar, el crear con ello tu mundo y a ti mismo, te acaba descubriendo y fortaleciendo. Es como meditar.

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¿Y no podría ser un arma de doble filo, una herramienta que aísle al que la utiliza?

Todo artista necesita su momento de aislamiento, unas horas en su estudio para pensar y encontrarse; pero ya si utilizas el arte para aislarte socialmente es un problema de la
persona, no de la herramienta. Además, un comportamiento así es muy infantil, y no hay que olvidar que dentro del mundo del arte hay mucha gente a la que se le va la pinza
[risas]. A grandes genios del arte les ocurría esto, pero hay gente que lo lleva a un nivel extremo y así no se puede actuar. Hay que tener la cabeza en las estrellas pero siempre con los pies en la tierra y sabiendo lo que se hace; estar orgulloso de uno mismo pero dejar la soberbia a un lado, y no olvidar que la felicidad consiste, por ejemplo, en tomarte unas cervecitas con tus amigos y tu pareja en una terraza.


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Autor: Jennifer María González Vera

Corrector: Paquibel Sánchez Rueda

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