Gregorio Herreros, ‘In Crescendo’ desde las teclas

El pasado 24 de febrero, Orbe se dio cita una vez más con la música. En esta ocasión, entre las culturales paredes de la tetería el Harén, un romántico e inspirador establecimiento, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Gregorio Herreros, un joven pianista y compositor de tan solo veinte años galardonado con el premio Ensemble Viola de Málaga.

Entre el enigmático y embriagador aroma del té, pudimos conocer un poco más a fondo a esta joven promesa malagueña del piano. Oímos de sus propios labios cómo la música más clásica se abre paso a duras penas entre el público joven; cómo músicos al igual que  él, con un gran esfuerzo, pasión y sacrificio, luchan por hacer que renazca y viva una vez más en la cultura actual, y cómo todo sueño trabajado puede hacerse realidad en el momento más inesperado.

Cuéntanos un poco, ¿cómo comenzaste en el mundo de la música?

Bueno, me viene de familia. Mis padres son músicos y, como comprenderás, la música siempre ha estado muy presente en mi vida. Desde pequeño he estado tocando con mi padre y más tarde me apuntaron al conservatorio. Al principio me iba muy bien, pero cuando comenzaba a cursar el grado medio entré en una espiral, en un bajón podríamos decir, donde estuve a punto de abandonar. Pero, gracias al apoyo de mi profesora de Composición y de mi profesor de Introducción al Jazz, decidí seguir adelante y no abandonar. Ahora mismo me encuentro cursando tanto la carrera de Composición como la de Piano, consiguiendo unos resultados que jamás esperaba. La verdad es que estoy bastante feliz. [5].jpg

¿Qué es lo que te hizo ver que ese era tu sitio y que querías dedicarte a ella en cuerpo y alma?

La verdad es que fue interesante porque siempre me ha dado pereza estudiar [risas], en serio, con asignaturas como Historia era imposible ponerme a estudiar sin distraerme y me aburría bastante, en cambio con la música el panorama cambiaba completamente. Nunca ha sido algo pesado para mí. Me podía poner perfectamente cinco horas ante un piano que no me cansaba y, lo más importante, lo disfruto y me divierto haciéndolo. Con la composición me pasa igual.

¿A qué especialidad musical te dedicas? Es decir, ¿tocas solo música clásica o algún otro género?

El conservatorio está enfocado en sí a la enseñanza de la música clásica, de hecho su propio nombre viene de conservar. Su repertorio ronda entre el barroco de Bach, más o menos, quizás un poco antes, y algunos puntos del romanticismo del siglo XX. Aunque el siglo XX apenas se ve y es una pena, porque la música de esa época tiene un repertorio bastante interesante y extenso. Pero en mi caso, por la rama de composición, estudio bastante más esa época, ya que el siglo XX fue una explosión de recursos compositivos y tengo que estar más metido en ese tipo de música. Además, me encanta. Y, hablando desde el punto de vista del pianista, a parte de la música clásica también me centro en el Jazz, el estilo Gospel y la música del mundo.

¿Por qué el piano?

Mi padre es guitarrista, pero en mi casa desde siempre ha habido un piano y fue como «¡Anda mira! Un piano, vamos a tocarlo» [risas]. Imagino que fue por eso, pero no lo sé, no estoy seguro. Solo sé que lo toqué, me sentí cómodo con él y decidí convertirlo en mi instrumento.

¿Tocas algún otro instrumento?

También toco la flauta travesera, pero como principiante. No tengo tiempo físico para dedicárselo a otro instrumento. Puedo tirarme perfectamente doce o catorce horas diarias estudiando en el conservatorio e, incluso allí, también tengo otra asignatura que se llama segundo instrumento donde hago un poco de percusión. Vamos, se puede decir que voy picoteando un poco de aquí y allá [risas].[3]

Alguien como tú, joven, ¿qué opina sobre esa lucha entre la música clásica y la nueva música?

Ese tema es muy interesante porque siempre que le dices a algunos de tus colegas que estudias en el conservatorio, te saltan con lo de «¡Pues tócame la de Adele!» o cosas así, o incluso cuando vas a una fiesta y hay un piano, o no [risas], simplemente también les basta ya con sacar la aplicación del móvil que imita un teclado para que te digan que le toques alguna, y muchas veces no tienes ni idea de cuál es o como se toca [risas], aunque siempre te escapas con algunos acordes. Pero sí, existe esa lucha entre los que tocan música clásica y música actual, aunque realmente es el mismo tipo de música, solo que una es más larga y la otra se crea mediante unos patrones establecidos con los que buscan que sea un numero uno y, sobretodo, que no sature al cerebro, que sea apta para comercializarla.

¿Piensas que puede haber una unión entre ambas?

Si, yo pienso que sí. De hecho, hay un grupo que se llama Dream Theater, que son músicos de conservatorio. El pianista, por ejemplo, es un virtuoso del piano y estudió en una de las escuelas de música más prestigiosas, pero desde un principio quiso explorar el mundo de los teclados y de los sintetizadores. La verdad es que este grupo consigue una simbiosis entre ambas muy buena. El problema, como siempre, es la escasa promoción de estos grupos y el poco empeño que hay para hacer que se conozcan.

En la situación actual, donde la cultura a penas se valora, carreras dedicadas a las artes, como la música, no son una buena opción para querer sustentarse en un futuro. Dinos, ¿qué piensas sobre este tema?

Cuando digo que estudio Composición, y me encuentro con respuestas como «pero, ¿eso se sigue estudiando?» te entran ganas de contestar «¡Claro que se estudia! Uno no se levanta un día y de repente dice: Ya está, ¡ya tengo el nuevo éxito del verano!» [risas]. Pero es cierto que muchos se lo toman a pitorreo, incluso dicen que no son unos estudios en sí, que no es similar a una carrera universitaria, cuando perfectamente la media de horas diarias de estudios frente al piano son seis y tenemos catorce asignaturas en composición y en interpretación. Te puedo decir que, por ejemplo, un examen en la asignatura de Contrapunto y fuga puede durar perfectamente diez horas.

Salidas profesionales tiene pocas la verdad. Puedes dedicarte a la docencia, si eres bueno ir de concurso en concurso, o la rama que ahora mismo está más valorada y en boga, que es la de composición de música para el cine, televisión o videojuegos. Pero la competencia es muy dura y los enchufes entorpecen el camino de gente que de verdad tiene talento. Pienso que cuando tú te dedicas a la música, en lo último que debes pensar es en las salidas profesionales. Si te quieres dedicar plenamente a ella lo tienes que hacer por vocación y pasión, sin pensar en las compensaciones materiales o en las salidas profesionales. Yo nunca he pensado en las salidas profesionales y no me veo haciendo otros estudios que no sean los musicales. Sé que esto es lo que me llena, que es lo mío.

¿Crees que es un mundo que poco a poco se va valorando algo más?

Yo pienso que sí, que se está valorando cada vez más, o por lo menos eso intentamos. Lo principal para conseguir este objetivo sería bajar el IVA cultural. Solo con eso estás proporcionando a la gente una cultura más asequible que, por otra parte, debería ser lo más barata posible,con eso se promueve de una manera brutal y no solo la música, sino el arte o la literatura, todo.

Tú no puedes ir a un concierto y que la entrada te cueste cuarenta euros, eso no rinde, te conviene más conseguir las canciones por Internet por dos euros, o simplemente gratis. Hay que promover el concierto en vivo, las exposiciones de arte, el cine, los espectáculos de danza, el teatro, los libros… y eso se hace bajando el precio de la entrada para el público, así se crea la cultura. Además de aceptar las carreras del conservatorio como carreras universitarias y este es uno de los grandes problemas que tenemos los músicos españoles hoy en día, que no se acepta nuestra carrera como unos estudios de facultad, esto nos genera muchos problemas a la hora de elegir el Master Universitario. Pero, poco a poco, se va luchando y espero que esto se llegue a conseguir, aunque todavía queda mucho camino para ello.

¿Piensas que tu futuro está en España o, por el contrario, que si quieres tener un futuro debes emigrar a otro país?

Probablemente tenga que irme fuera, de hecho mi idea es irme a Boston, a Estados Unidos, para poder estudiar un master en música de cine. Si te quedas aquí, o te colocas como profesor o lo tienes bastante jodido. Hay muy poco impulso para este tipo de música. También tenemos el problema de competir ante un ordenador al que le das tres notas y ya te compone una canción. Con una tecnología así te ahorras el contratar a un músico.  Para vivir de la música, hoy por hoy, tienes que ser un genio e ir de concurso en concurso o compaginarla con otro trabajo para poder sobrevivir.

  

Recientemente has ganado el premio Ensemble Viola de Málaga. Cuéntanos un poco, ¿qué es este premio y cómo decidiste participar en él? ¿Cómo recibiste la noticia de que eras el ganador?

El Ensemble de Viola es una asociación formada por músicos, que promociona a nuevos músicos a través de estas actividades y otros eventos. Hicieron un concurso para tener un nuevo repertorio donde teníamos que mandar una obra, de ocho o diez minutos, para ocho violas y viola solista, y nuestra profesora de composición nos incentivó a hacerla. [2]Nos dio la opción de hacer una sonata para piano bastante fuerte o una más flojita y hacer la obra para las violas también. Yo decidí centrarme solo en la sonata para piano. Cuando se la entregué me propuso hacer del mismo modo la obra para las violas y esa misma tarde la compuse en mi casa. Se la enseñe, le gustó, corregí algunas cosas basándome en sus consejos y la mandé por correo al concurso a probar suerte, porque en ningún momento tenía en mente participar. Y recuerdo que, en la cena, tras un concierto de piano de música clásica, un  amigo me avisó para que mirara Facebook y cuando lo hice vi que mi obra había quedado como ganadora del concurso. Fue una sorpresa muy interesante porque no me lo esperaba en absoluto.

¿Habías participado antes en otros concursos?

Había participado en dos: en uno quedé en mención de honor, que fue en Baza, y el otro fue en mi propio conservatorio, para el que intenté hacer una música de cine, pero no gané. Y es extraño, porque para este último me esforcé muchísimo mientras que en el de las violas fue probar por probar. Así que esto me demostró que nunca hay que perder la esperanza con nada [risas].

Y dentro de esos concursos, ¿Cómo es la competitividad entre compañeros?

Es muy relativo, es que depende del compañero o la compañera. Hay que tener en cuenta que a todos los músicos se nos educa con una idea clave: tienes que ser el mejor si quieres triunfar. Y lo mismo pasa en otras carreras artísticas como la danza, la pintura o el teatro. Es cierto que surge, de vez en cuando, esa pequeña envidia hacia los compañeros cuando, personalmente, creo que no deberíamos guiarnos por eso y aprender los unos de los otros. Si nos guiásemos por esto último, el crecimiento profesional y personal sería enorme.

Supongo que, como pianista, y más por el talento que tienes, habrás dado infinidad de conciertos. Dime, ¿has tenido alguna anécdota divertida?

Bueno, alguno que otro concierto he dado [risas], pero la mayoría organizados por mi conservatorio. Luego tengo un grupillo de funky en Granada, llamado El Desván, pero solo tocamos en verano, cuando tenemos más tiempo libre. Y en cuanto a anécdotas divertidas, bueno, casi siempre lo que ha pasado ha sido relacionado con algún fallo técnicode memoria, por ejemplo cuando llevas una hora tocando el piano en solitario y de repente que te falle la memoria.

Recuerdo que en mi último examen de piano, tenía que llevar una obra de Rachmaninoff, un compositor ruso del siglo XIX, y recuerdo que estaba pensando en que tenía que interpretarla lento, porque siempre me aceleraba, pero nada más empezarla comencé a tocarla a toda velocidad. Tenía un compañero al lado que me estaba pasando las páginas de las partituras, como apoyo, y en ese momento se me fue la memoria, no sabía por donde iba, así que decidí improvisar hasta llegar a una parte donde sabía que podría volver a adaptarme a la obra. Claro, mi compañero no sabía por donde iba y comenzó a pasarme las páginas sin ton ni son, y yo mientras tanto tocando agobiadísimo, y el colmo fue cuando empezó a preguntarme «¡¿Pero tío, dónde estás?!>>. Yo ya atacado, pensando «Ay, Dios mío… encima me está preguntando éste mientras estoy tocando» [risas]. Al final, más o menos, salí como pude, pero fue una locura.

¿Has tenido la oportunidad de tocar tanto para un público adulto como para un público joven? Poniéndote en el papel de músico, ¿cómo ves que reciben los jóvenes esta música?

Sí, he tenido la oportunidad de tocar para ambos públicos, pero claro, el público joven normalmente o son tus propios compañeros del conservatorio, o son tus propios amigos a los que llamas y avisas de que vas a tocar en algún concierto. Es raro ver que un público joven, ajeno al mundo del conservatorio, venga por hobby a estos conciertos, que los hay, pero son muy pocos. Normalmente el público más fiel es uno de una media de cuarenta o cincuenta años. Como siempre, el fallo está en la promoción de estos eventos culturales y en no querer incentivar el interés en ellos, además de intentar tocar una música que atraiga más a este público joven sin abandonar por completo nuestros gustos musicales ni la música de un concierto de filarmónica.   

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¿Qué te ha aportado la música personalmente? Es decir, ¿en qué y cómo te ha enriquecido, no solo como músico sino también como persona?

Pues, sobretodo, la música ha sido para mí una herramienta con la que vencer, poco a poco, mi timidez. Yo siempre he sido muy tímido y el haber pisado el conservatorio, el haber estudiado en él, me ha ayudado a soltarme bastante. Subirte a un escenario siempre es duro y siempre estará ese «¿qué dirán?», además de que somos muy perfeccionistas y esto nos lleva a que siempre nos estemos castigando con «lo podría haber hecho mejor», «esto no era así, me ha salido fatal», o cosas similares. Pero lo bueno que tiene es que el apoyo de los compañeros es enorme y una gran ayuda a la hora de presentar una obra tuya ante el público.

Viendo lo que has conseguido hasta ahora, ¿se puede decir que estás plenamente satisfecho o aún te queda camino para estarlo?

Siempre queda camino, siempre. Pero yo me siento muy satisfecho porque, como empecé bastante desorientado y no sabía lo que quería hacer con mi vida, ahora me siento muy seguro de mí mismo y he encontrado mi pasión y mi vocación en la música. Sé lo que quiero y voy a por ello.

¿Hasta dónde quieres llegar como pianista? ¿Cuál es tu sueño?

La verdad es que me lo he planteado en estos días y, como compositor, lo que más me llena y lo que más me llama es la música para el cine; como pianista, más que solista, me gustaría ser acompañante de cámara, es decir, pertenecer a un grupo de cámara como piano-flauta o algo así; o como músico de Jazz, que es mucho más abierto que un músico clásico como tal, ya que éste es más cerrado y siempre está atento a una partitura, porque si no es que no funciona.

Piensas que todo el sacrificio que estás haciendo—trabajar en tu técnica, sentarte durante  horas ante el piano para domar las teclas, sacrificar tu tiempo libre en estudiar más y más, porque supongo que la carrera del músico no es un camino de rosas— para ti ¿está mereciendo la pena?

Sí, realmente si me está mereciendo la pena. También pierdes muchas cosas, ¿no? muchos momentos con tus amigos o con tu familia. Es verdad que hay que sacrificar mucho, porque la música es un deporte y necesitas un entrenamiento diario de cinco o seis horas como mínimo porque, si no, no puedes, los dedos se vuelven tontos, te oxidas y te atrofias, y luego lo pagas caro. Incluso en verano no puedo parar y a penas piso la playa, y ya tengo el titulillo de «este nunca puede porque es un empollón» [risas]. Pero es cierto, el músico necesita ese entrenamiento.  

A jóvenes como tú, que se encuentran estudiando la carrera de música u otras carreras dedicadas a las artes y donde es muy difícil obtener más satisfacciones que sufrimientos,  ¿qué les dirías? O mejor, ¿qué mensaje les mandarías para que no abandonasen sus sueños y continuaran luchando por ellos?

[1]
Principalmente, que todo sacrificio tiene su recompensa y que si es lo que quieres, si es tu pasión y tu vicio, tu vocación, no vaciles y ve a por ello. Siempre va a merecer la pena, tanto en el crecimiento personal como en el profesional. Que nunca se rindan.


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: Paquibel Sánchez Rueda

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