Reina contra Reina

No se esconda ni se niegue nada al alma,

ni se quede tras el humo un suspiro,

ni tras el abanico unos zafiros:

Te reto a derribarme, cara a cara.

 

Bajemos las defensas, no las armas.

Nos rendiremos, con tiernos cumplidos;

nos entregaremos, entre gemidos.

¿Te hace que ignoremos todas las alarmas?

 

El final de la partida de ajedrez:

Reina contra Reina. Un solo movimiento.

La lengua por espada, la piel por juez.

 

Desapareció el sabor de la acidez

y los versos surgieron de un sentimiento,

hoy apresado, en la íntima desnudez.

 J. M. González Vera

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