Del vientre de Italia a conquistar el mundo: la ópera

Hablar de la música italiana, o, mejor dicho, introducirse dentro de ella, sería como viajar al País de las Maravillas que diseñó Lewis Carroll para Alicia: un mundo único, mágico y extenso. Lleno de ilusiones, matices e inspiraciones en cada sonido, encriptado dentro de las partituras más virtuosas que el hombre haya podido ver,  y que, ahora, gracias al talento y al ímpetu de grandes promesas contemporáneas de la música, podemos disfrutar de composiciones que no solo alimentan la creatividad y la imaginación, sino que también alimentan el alma humana. Europa le debe muchísimo a esta nación pionera en estimular el cuarto arte y no solo Europa, sino también el mundo.

Italia es conocida por impulsar la música clásica, por construirla a mano, por dar a luz a los mejores artesanos de instrumentos que haya podido ver el mundo —como Antonio Stradivari, cuyos violines siguen siendo maravillas musicales muy codiciadas tras casi trescientos años—. En definitiva, podríamos decir que Italia nació de nuevo en el Renacimiento para hacer renacer, no solo al arte y a la literatura, sino también a la música en todo su esplendor y mostrársela a la humanidad como jamás antes se había mostrado. Esto lo consiguió a través de la creación de la ópera.

La ópera es un género musical que nace en el siglo XVII, dentro de un círculo elitista de humanistas florentinos conocidos como «Camerata de’ Bardi» o «Camerata Florentina», los cuales no solo cultivaban el arte de la música, sino también la literatura y el drama. Fue aquí donde se pensó que estas artes podían fusionarse en algo nuevo y revelador, en un espectáculo digno de marqueses, condes y reyes, pero, también, digno de aquella pequeña burguesía que comenzaba a aflorar y cuyo mecenazgo era totalmente necesario para llevar a cabo proyectos como este donde letra, música y danza se hermanan opera-974164_960_720en arias dignas de ser escuchadas por los oídos de los ángeles y admiradas por los ojos de los inmortales. Crece, pues, la concesión de llevar la música, la literatura y el teatro a un nivel superior donde no trabajarían separados, sino unidos, creándose, de este modo, la ópera.

Hija de la musa de la poesía, el drama y la música, esta ninfa otorgaría a la Italia del Renacimiento, del Barroco y del Romanticismo una fama sin precedentes y grandes compositores de esta nueva modalidad musical, como Jacopo Peri, Antonio Vivaldi o Giuseppe Verdi, además de descubrir a muchas voces sin parangón alguno, como Farinelli, Faustina Bordonoi, y, echando la vista a nuestra era contemporánea, Luciano Pavarotti. Pero, posiblemente, dentro de esta pequeña lista de notables italianos, quien más resalta no es otro que Verdi, ya que, con su desmesurado talento, se negó a crear un simple y vano entretenimiento —vacío y que no sirviera para otra cosa que evadir al público de su realidad—, sino que vio en la ópera una herramienta potentísima para hacer que el espectador abriese los ojos ante los problemas sociales y políticos que arrastraba el país.

Verdi infundió, a través de sus composiciones, la fuerza y el espíritu necesarios para hacer ver a los italianos que eran más las razones que los unían, que las diferencias que los separaban; que Italia había sido cuna de todas las artes y madre de la humanidad, señora del mediterráneo y la llama de los valientes. En cada obra recordaba que, quien no arriesga, no gana, y que el mundo no estaba hecho para cobardes, para los que el fracaso es lo único seguro. Nabucco, Macbeth, Aida, Don Carlos, todas ellas transmiten mensajes y elevan a la ópera, a la música, a la poesía y al teatro, a la categoría de antídotos contra la indiferencia, la pasividad y el conformismo.aida-60580_960_720

Esta es una de las razones por las que cerraré este artículo con una muestra de lo que es, en mi opinión, una de las mejores creaciones humanas que refleja, tanto la perfección como la imperfección, del alma atormentada y saciada del hombre y que, cómo no, al igual que sus otras hermanas las artes, tuvo por nación y por madre a la misma diosa primigenia, Italia.


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: Paquibel Sánchez Rueda

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