Yuliss M. Priego: «A los traductores no se nos valora suficiente»

Los lectores tenemos un pequeño defecto: la única persona que nos importa dentro del mundo literario, es el escritor. Por lo que llamo a esto «defecto» no es, nada más ni nada menos, que por el hecho de que dentro de las editoriales —no meto a los autopublicados en este saco porque son un mundo aparte— hay muchísimas personas que trabajan detrás de un autor para conseguir que esa novela, que tú tienes en tu mesilla de noche o en tu biblioteca personal, llegue a nosotros tal y como la vemos terminada.

Quizás, uno de los trabajos que peor se valora, en este sentido, sea el de los traductores. No es tan fácil como parece la labor que ellos profesan, y esa es la clave que me llevó a contactar con una de ellas: María Julia Mancera Priego. Es posible que os suene más como Yuliss M. Priego, una de las integrantes del grupo Manzanitas de Basileia, canal de YouTube de reseñas literarias que va cosechando bastante éxito en el ámbito nacional.

Esta malagueña de veinticuatro años —rozando ya los gloriosos veinticinco—, graduada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Málaga y con un Máster en Traducción para el Mundo Editorial por la misma, que se dice pronto, ya ha aportado su enorme granito de arena a este mundo de libros que tantas alegrías y penas. Con seis trabajos traducidos en el mercado, ha trabajado para las editoriales Titania y Terciopelo. Actualmente, ofrece sus servicios como traductora freelance y es profesora de inglés en la academia English Connection Málaga (además de colaborar en la revista RománTica’S Magazzine).

Entre sus trabajos, podemos encontrarnos con tres traducciones de Maya Banks (Éxtasis, Fervor y Frenesí), además de Dulce seducción, de Jo Beverley, Un millón de placeres culpables, de C.L. Parker y Cada vez que llueve, de Lisa de Jong. Entre sus aficiones, ella misma ha destacado tres: leer, escribir y bailar. Y sí, chicos, ¡sigue soltera!

Con poco más que añadir, os dejo con las respuestas de esta joven y talentosa mujer andaluza que no está dejando a nadie indiferente.

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¿Cuándo supiste que querías dedicarte a la traducción?

Pues, la verdad, es que no supe que quería estudiar Traducción e Interpretación hasta segundo de Bachillerato. Y fue bastante curioso, porque yo me decanté por Ciencias de la Salud desde cuarto de secundaria y, al final, tiré para letras en vez de seguir en ciencias. La culpable de esa decisión fue Stephenie Meyer, con Crepúsculo, porque me vicié tanto a esa historia y me metí tanto en el boom, que empecé a traducir fanfiction en fanfiction.net.

Para los que no sepan lo que son los fanfiction, son historias alternativas a la novela original escritas por fans. Por aquel entonces, yo estaba tan enganchada a Crepúsculo que leía un montón de estas historias y, como había muchísimas en inglés que eran espectaculares, empecé a ponerme en contacto con sus autoras para ver si podía traducirlas al español, totalmente gratis, por supuesto. Así empezó mi amor por la traducción.

¿Te ha costado mucho introducirte dentro del mundo editorial? Cuéntanos sobre tus inicios.

Sí y no. En general, entrar de primeras en el mundo editorial es difícil. No se puede entrar a trabajar para una editorial de nuevas; hay que tener contactos. Lógicamente, siempre se pueden enviar emails a los editores (o jefes de traducción) presentándote y adjuntando el currículum, pero, la gran mayoría de las veces, no vas a recibir contestación por parte de ellos. En mi caso, empecé a finales de 2012 con la editorial Terciopelo porque les hacía falta un traductor. Yo no fui la que envió directamente mi currículum, sino que alguien que me conocía de dentro de la editorial me sugirió, y yo, luego, realicé una prueba de traducción, que pasé, lógicamente.

Aun así, repito lo anterior: es muy difícil meter la cabeza en el mundo editorial sin contactos y, aún más, que sigan mandándote traducciones asiduamente, porque otra cosa no, pero cambiantes, las editoriales, son un rato. Suelen tener a sus traductores asiduos, a los que les mandan todas las traducciones, y, muy rara vez, cuando estos las rechazan por falta de tiempo (aunque muy pocas veces ocurre), es cuando ponen el ojo en traductores alternativos. Parece que no, pero el mundo de la traducción es más complejo y más tortuoso de lo que parece. ¡Y no se nos valora lo suficiente!

Sabemos que, junto a dos compañeras —Nazareth Vargas y Tamara Arteaga—, hacéis bastantes reseñas literarias que gustan mucho a la gente. ¿Cómo surgió esta idea? ¿Pensabais que iba a generar tanto éxito entre el público?

13090545_1239466552745389_1412428239_nA ver, reseñas siempre hemos hecho; no juntas, pero sí cada una por separado. Yo, en particular, empecé con un blog y grupo de Facebook llamado Novelas de Amor Oscuro, por todo el tema Crepúsculo y paranormal que se llevaba hace unos años. Con el tiempo, ese grupo se desbordó de gente y perdió todo el sentido; yo misma también estaba hasta arriba con la universidad y el trabajo, y ni tiempo tenía de escribir reseñas como antes. De vez en cuando, si algún libro me marcaba, tanto positiva como negativamente, y me daba por ahí, pues sí la escribía, pero, por norma general, no lo hacía en demasía.

Después, cuando conocí a Nazareth (porque a Tamara la conocía desde mi época en fanfiction.net, que ella también traducía allí) y nuestra amistad fraguó, pues decidimos abrir un canal de Youtube, porque a las tres nos hacía ilusión. Las tres somos tímidas y nos imponía la cámara un montón, pero, al final, creo que las hemos dominado y, en los vídeos, se nos ve como realmente somos: unas locas que fangirleamos que da gusto con los libros. No sabemos con certeza si nuestras reseñas gustan o no, como afirmas, a la gente, pero una cosa sí te puedo asegurar, y es que intentamos mostrarnos al mundo tal y como somos y sin fingir ni hacer nada que realmente no nos represente. Lógicamente, a todo el mundo no podemos gustar, y, aunque haya personas que, por ejemplo, le han dicho a Nazh que habla muy rápido y no se enteran de lo que dice, la sensación que tenemos con respecto a la gente y a las editoriales, es que muy mal no lo estamos haciendo.

Poca gente sabe el trabajo que lleva ser un traductor. ¿Puedes comentarnos un poco cuánto tiempo necesitáis para poder traducir un manuscrito?

El que te diga la editorial [risas]. No, en serio, es así. Los traductores no somos los que imponemos los plazos; si una editorial te dice que tiene que tener la traducción de tal o cual manuscrito en menos de dos meses, pues uno agacha la cabeza y lo hace. ¿Por qué? Porque tenemos que comer, y ellos son los que pagan. Si te dicen que lo quieren así o a sao, pues así se hace. Y tampoco está el percal como para ir rechazando ofertas porque sí.

A mí, por ejemplo, me dieron menos de dos meses para traducir una novela romántica histórica de cuatrocientas páginas. Y lo hice. Luego, claro, entra el tema de la calidad de la traducción. Las editoriales tienen que ser consecuentes con los plazos de entrega que nos imponen. Muchas veces es prácticamente imposible entregar una traducción revisada al cien por cien porque no da tiempo material.

Y ya sabéis lo que viene luego, ¿no? Las críticas de los lectores porque la traducción es muy mala y tiene muchos errores. Realmente, ¿hasta qué punto podemos culpar a los traductores de todo lo que sale mal en una traducción? No quito ni resto culpa, porque somos humanos y nos equivocamos, pero no siempre las condiciones son las óptimas para entregar una traducción medianamente perfecta. Aun así, los plazos de traducción oscilan normalmente entre los dos y tres meses.

Algo que los interesados en el mundo editorial se suele preguntar es si tenéis trato con los autores originales de las novelas con las que trabajáis. ¿Te ha llegado a ocurrir alguna vez o tu contacto es directo con el editor encargado del manuscrito?13059577_1239466182745426_253967886_n

Normalmente, no se suele tener contacto con los autores si es una traducción obtenida a través de una editorial, si es freelance, lógicamente, sí. Pero no, no es lo habitual. En mi caso, sí que hubo una traducción en la que tuve contacto directo con la autora anglosajona, pero porque la conocía de haberla interpretado en uno de los encuentros RA (Romántica Adulta), organizados por Merche Diolch en Madrid: Jo Beverley. Es la novela romántica histórica de cuatrocientas páginas que tuve que traducir en menos de dos meses; y no era siquiera el primero de una serie. Esa fue la única ocasión en la que pude estar en contacto con la autora de la novela original, y fue una experiencia altamente positiva. Yo, si pudiera, lo haría siempre. Creo que es una de las cosas que debería cambiar en el mundo editorial de la traducción.

Durante las Jornadas Ándalus Romántica se habló mucho de los errores dentro de las traducciones y de la responsabilidad que se os achacaba a vosotros, cuando, en realidad, la mayoría de las veces, el error viene de arriba. ¿Cuál es tu visión acerca de este tema? ¿Alguna vez te han recriminado algo por el estilo?

Como ya he mencionado antes, hay muchísimos factores que influyen en una traducción: el traductor, la fecha de entrega, el corrector, el editor, etc. Muchas veces no podemos excusar lo que es obvio, y sé que es repetirme, pero los traductores somos personas humanas, y nos equivocamos. Sí es cierto que, en la gran mayoría de los casos, los correctores, por el mero hecho de tener que justificar su trabajo y presencia, hacen cambios que empeoran más que arreglan una traducción. Yo siempre lo digo: mi relación con los correctores es de amor-odio, porque es cierto que hay cosas que las mejoran, pero, otras, las destrozan.

¿Hasta qué punto puede un corrector cambiar algo de una traducción? Si el traductor ha decidido poner una palabra o una estructura gramatical específica y no otra, por algo será, ¿no? Siempre nos dicen que tenemos que ser cien por cien fieles al original, pero muchas veces no nos dejan: bien porque suena extraño, bien porque el corrector prefiere otra expresión que a él o ella le suena mejor, o bien porque prefieren simplificarlo. ¿Hasta qué punto eso es lícito? Yo no lo sé. Lo único que sí sé es que las editoriales tocan mucho la traducción que nosotros en un principio enviamos y, lo que luego sale al mercado, puede que sea un producto mejor o peor de lo que realmente se entregó. Hay de todo.

Y respondiendo a tu segunda pregunta, sí. Con mi última traducción, Cada vez que llueve, de Lisa de Jong, con Titania, hubo un poco de polémica porque tres personas en particular decían que había estructuras y palabras «extrañas». ¿Cuánto hay de verdad y de subjetivo? Ni idea, pero a mí, la editora, me felicitó por mi trabajo, porque la traducción estaba muy bien. ¿Entonces? Supongo que si hubo algo extraño, fue por culpa del corrector. No lo sé, la verdad.  


No suelo hacer esto en las entrevistas porque la atención debe tenerla la persona que ha respondido a nuestras preguntas (así que no os desviéis, hoy la protagonista es Yuliss), pero me veo en la necesidad de comentar un poco sobre la última pregunta que le hice y que me ha contestado con tantísima razón.

Las dos responsables del blog estamos a dos pasos de graduarnos en Filología Clásica. ¿Qué quiere decir esto? Que somos, junto con Filología Francesa y las demás de idiomas, lo que incluye Traducción e Interpretación —que es la que ha estudiado nuestra entrevistada—, las personas encargadas de traducir todo tipo de textos que no estén en nuestro idioma materno: el español. Por tanto, mi opinión no dista prácticamente nada de la de la señorita Priego.

Estamos hartos de escuchar, en distintas clases o trabajos, que debemos ser fieles a los textos porque, como bien ha comentado ella, si los autores utilizaron esas expresiones no fue por capricho, o quizás sí, pero es su obra, no la nuestra; sin embargo, también es muy común que se nos diga aquello de «libre interpretación» por propio criterio del profesor o compañero laboral que te toque. Esto, orberianos, según mi opinión y criterio, es totalmente algo subjetivo que debería ser eliminado de una vez por todas.

Cuando tú escribes algo, ya sea una tesis, una receta de cocina o una novela, relatas lo que quieres con las expresiones que ves convenientes. ¿Os gustaría que lo tradujesen a otro idioma y, porque sí, os cambiasen expresiones? Ejemplo: tú quieres decir «Su piel nívea resplandecía» y te lo traducen como «Su piel blanca brillaba». ¿Tan difícil resulta dejar los textos como están, sin alteraciones por gustos personales? Es normal, en nuestro caso, sobre todo del griego, que haya una palabra que signifique, en español, varias diferentes. Ese es el único caso en el que veo normal que elijamos a nuestro criterio, porque, en su mayoría, suelen ser sinónimos que no alteran demasiado el significado del texto. Y, aun así, si estás traduciendo una elegía, debes usar la palabra que creas que concuerda más con ese tipo de texto. Porque no, no es lo mismo traducir poesía que traducir prosa.

Perdonad si os he dado la tabarra con el tema, pero era una espinita personal que necesitaba sacar fuera como filóloga y en representación de muchos de mis compañeros, que sé, de buena tinta, que opinan igual. De nuevo, quiero agradecer a Yuliss su colaboración y las ganas con las que ha contestado esta entrevista, además del trabajo que realiza para todos los lectores amantes de la literatura anglosajona.   


Datos de contacto:

Canal de las Manzanitas

Revista RománTica’S Magazzine


Autor: Paquibel Sánchez Rueda

Corrector: J.M. Gonzáles Vera

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