Vivir, sobrevivir, transmitir.

«La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura.» Joaquín Sabina.

Solo aquel que se dé cuenta de que la poesía es todo aquello que nos rodea, todo lo que respiramos, lo que amamos, lo que odiamos, lo que deseamos, lo que añoramos, e, incluso, aquello que ignoramos, podrá ser capaz de vivirla, de sobrevivir a ella y de transmitirla. Podrá darse cuenta de que la vida misma es la poesía. Pero no solo este conocimiento hace del humano el poeta, hace falta algo más: hace falta ansias de saber y esa intuición que son necesarias para hacer que dos palabras unidas sean algo más que dos palabras unidas. Hace falta vivir, fuerzas para sobrevivir y apetito por transmitir.  

Hoy os traemos en Orbe la entrevista que realizamos el pasado 1 de julio a Jesús Baena, ganador en 2015 de la IV edición del Premio Cero de Poesía del Pimpi ‒una emblemática bodega malagueña que, desde sus inicios, ha apostado por la transmisión y el talento de grandes artistas malacitanos‒. Tuvimos la suerte de poder entrevistar a este joven poeta en estas instalaciones, donde, a parte de descubrir el talento y la sabiduría que se esconden tras Jesús ‒y algunos nervios puntuales que le hicieron endulzar el cenicero en vez del café‒, pudimos empaparnos de la mejor cultura e historia artística de la ciudad.

Con esto, queridos orberianos, abrimos otra ventana hacia una nueva visión del mundo que nos rodea y a una nueva forma de transmisión de este.

Para empezar, puesto que ya cuentas con varias entrevistas a tus espaldas, quiero avisarte de que he intentado hacer una entrevista más original con la que podamos IMG_1456.JPGconocerte y ver el talento que posees. Bien, comencemos: POESÍA, ¿qué es poesía?

Jesús: Poesía es vivir pero a flor de piel. Probablemente sea la máxima expresión de la vida a parte de todo lo demás. La poesía no es escribir, no es leer un poema, no es un texto bonito. Es vivir, y el cómo vives o el cómo eres capaz de vivir, o sobrevivir, en cada momento de tu vida.

¿A qué edad retumbó esta palabra en tu cabeza y cuando tembló en tus manos?

J: En realidad, uno no es consciente cuando tu vida comienza a enfocarse a esto, cuando comienzas a vivir las cosas de otra forma y a sentir las cosas de otra forma. Yo tendría unos ocho años cuando, de una forma intuitiva, comencé a escribir, a probar a hacer cosas dentro de este mundo, a tener interés en conocerlo más y saber más cosas sobre él.

¿Recuerdas la primera composición que hiciste, la primera de todas?

J: No [risas]. La primera no la recuerdo, pero sí recuerdo el título de una de las primeras que era Abanderado. Recuerdo que estaba en un diario amarillo del que no me deshice pero que no he vuelto a ver.

Para ti, ¿qué es considerarse poeta?

J: Yo creo que considerarse poeta a uno mismo es difícil, es decir, si entendemos poeta como la persona que escribe poemas, muchas veces no solo depende de ti, sino también de lo que quieras transmitir, de cómo lo quieras transmitir, o de lo que te mueve a transmitirlo. Pero yo creo que trasciende muchísimo ese canon de solo escribir algo, ciertamente si poesía es vivir, ser poeta es el modo de vivir y el cómo vives. Es la forma en la que tú intentas sobrevivir. El eterno retorno, el intentar siempre volver a estar ahí dentro, a ser tu mismo, a estar vivo. Ser, o considerarse, poeta es todo. Uno no es poeta cuando escribe, cuando recita o cuando publica; uno es poeta las veinticuatro horas del día, pero no porque sea un artista, sino porque es una forma de vida. Todo lo que tú vives, lo vives igual las veinticuatro horas del día de la misma forma, lo único que cambia es que llegará un momento en el que lo escribas diferente.

¿Cuándo se puede considerar alguien un poeta?

J: No lo sé [risas], yo no sé si soy poeta o no, yo lo que sé es cómo vivo [risas], sé también que coincide con muchos poetas pero no sé si lo soy. Es verdad que en el ámbito más estándar, en lo que es escribir, intento serlo. Pero ser, que te consideren, considerarte o saber que eres poeta, no sé cuándo se sabe.IMG_1458

Dime tres palabras que describan a Jesús Baena cómo poeta.

J: Íntimo.

¿Podría ser una de ellas valiente, ya que con la poesía nos expresamos nuestra forma humana más íntima?

J: No, no creo que valiente sea la palabra adecuada, ya que la
poesía también es una huida. Yo me definiría como íntimo, libre y vital.

A tu juicio, ¿qué características debe tener un poeta? Qué deben tener para que tú digas: «yo sé que este hombre/esta mujer es poeta».

J: Características comunes, ninguna. De los que yo conozco, y más admiro, la única característica que yo he encontrado en común es que los poetas que más tendrían que presumir son los que menos presumen. Son los más sencillos y son los que se dedican a vivir. La honradez. Viven y se dedican a transmitir.

¿La poesía está en los ojos del lector o en el corazón del poeta?

J: Tiene de ambas. Pero cuando yo escribo, no escribo para que alguien lo lea, me da igual si lo leen diez, veinte, cien personas o ninguna, yo escribo para mí. Si luego alguien lo lee y dice que eso es un poema, entonces está en los ojos del lector. Pero yo no escribo para que esté en los ojos del lector. Me alegra que le guste al lector, pero me preocupo luego de haberlo escrito, no antes. Es ambas. Podemos irnos a Schrödinger: si no abres la caja ¿el gato está vivo o muerto?; pues, si nadie lo lee ¿el poema existe o no existe? [Risas]. Escrito está y para mí existe, pero ¿si no lo lee nadie?

José Infante decía que la poesía es como un estriptis doloroso, y Juan Ramón Jiménez decía que, cuando encuentras la poesía, la encuentras desnuda. Volvemos al desnudo, al tú tal cual y como eres, entonces si necesitamos transmitir y expresarnos, ¿hasta qué punto necesitamos que otra persona lo lea o nos entienda? Yo no lo necesito, pero siempre es un gusto que alguien te lea y te diga que le gusta o no. Creo que el simple hecho de compartirlo es mucho más poético que lo demás, pese a que luego haya muchos poetas malditos y personas que no hablen con nadie, pero si no, ¿para qué lo publicas?

La poesía actual, ¿es más un negocio que un arte?

J: Hay poetas muy buenos en la actualidad, pero la poesía contemporánea, la gran eclosión que ha tenido, tiene muchísimo de producto comercial. Y es un fenómeno que no es nuevo, ya pasó con la novela y con la pintura. Es como los dibujos de acuarelas que ahora están tan de moda. Las preguntas serían: ¿expresan o no? ¿Se adecuan al público o no? ¿Es lo que la gente quiere o no? Si transmite y expresa puede ser una forma de transmisión artística, y eso es innegable. Pero que como fin no tenga la poesía, sino el negocio, y ajustarse a un mercado de compras y ventas, también es obvio muchas veces. La transmisión es libertad, pero la libertad es responsabilidad, y el conocimiento te da libertad, conocer también es ser responsable. Si tú no conoces tus precedentes, a dónde vas o a dónde quieres ir, y qué es lo que se ha hecho, cómo se ha hecho, qué es lo que se pretende, cómo se pretende… si no sabes esto ¿hasta qué punto no eres un producto? Y en una cultura de la inmediatez, entiendo que no haya un público que quiera enfrentarse a poemas complejos con una tradición detrás y que quieran algo más rápido. Pero esto no quiere decir que eso deje de ser poesía. El lector evaluará si eso es o no un producto del mercado.   

¿Has llegado a componer pensando más en el ‘qué es lo que vende’ que en ‘lo que se siente’?

J: Nunca. Básicamente porque nunca he escrito un libro para publicarlo, lo he escrito y luego he pensado en publicarlo. Además, si hay alguien que verdaderamente quiera vivir de la poesía y vender, tiene que venderse mucho a lo que es el mercado y a la producción editorial. Es muy difícil que un poeta viva de lo que ha escrito. Probablemente sea Antonio Gala el único poeta actual español que viva de la poesía, y aún así ha ganado el dinero gracias a otros libros que no son de poesía, pero su antología poética ha sido la más vendida de todos los tiempos de la poesía hispana.

IMG_1464Inspiración e Influencia, ¿qué significan para ti esas palabras?

J: La influencia significa tradición. Es conocer. Si no te influye nadie, y si tú no buscas influencia, ni progresas, ni eres libre, no eres capaz de crear, no se crea a partir de cero, siempre creas a partir de algo, aunque sea una cebolla [risas], pero algo tiene que haber. Me refiero a la nada de la cebolla, evidentemente [risas]. Siempre tiene que haber un referente o una situación, pero también tiene que haber cultura, una influencia, no puede haber una creación espontánea, puedes tener una inspiración momentánea, pero como decía Picasso: «La inspiración te tiene que encontrar trabajando». Pero la influencia es necesaria, la influencia es el trabajo. La influencia te da el marco donde vas a trabajar, el cómo y la inspiración es el qué vas hacer. Si no hay cómo, no puedes transmitir el qué como tú querrías, necesitas las herramientas que te da la influencia.    

Si nos introducimos ahora en el tema de la autopublicación de la poesía, ¿crees que esta forma de publicar poemarios a diestro y siniestro está oscureciendo el significado del género y su calidad, o, por el contrario, permite que nuevos talentos se den a conocer de una forma más sencilla?

J: Creo que son ambas. Por ejemplo, el primer libro que publicó Lorca se lo pagó su padre, es decir, autoeditó su primer libro y es Lorca. La autopublicación, muchas veces, es una oportunidad ante un mercado editorial que no se puede negar y que es obvio y evidente. Si la poesía es un producto que no se comercializa fácil, una editorial no se puede arriesgar a publicar el trabajo de un poeta novel con una tirada de doscientos para luego vender cinco. No lo veo bien, obviamente, pero sí lo veo lógico. Sin embargo, el hecho de decir: «he publicado un libro» mucha gente lo interpreta como que han llegado a algo donde los demás no van a llegar, y, luego, provoca que, dentro del mundo de la poesía y las demás artes, hayan luchas de ego y orgullo. Creo que a veces, y casi sin querer, se pierde el objetivo principal del porqué escribían o el por qué pintaban, es decir, lo verdaderamente fundamental. También está el factor moda, el querer pertenecer a algo sin saber muy bien qué es. En definitiva, diría que es un arma de doble filo. La autopublicación es tan aceptable como una edición en una editorial, y me parece fenomenal ya que es otra oportunidad más para encontrar nuevos talentos, pero la autoedición mal entendida puede provocar monstruos.  

Con 15 años escribiste Las Cartas, un teatro en verso que llegó a publicarse cuando tenías 17 años. Poco después publicaste un nuevo libro Aner (Avɳϱ). Si yo te pidiese que los leyeras, ¿encontrarías cosas que te harían pensar «¡Oh, Dios mio! ¿Cómo pude escribir esto?» o «¡¿Cómo me pudieron publicar esto!?»?.

J: [Risas] De Las Cartas sí que me lo planteo muchas veces. De hecho, es uno de los libros que evito cuando me piden que comente mi trayectoria en alguna reunión. Es como si me dijera: «si lo omito, no existe» [risas]. Sin embargo, fue un libro cuya tirada se vendió en una semana y media. Pero es mi novatada, trabajada con esfuerzo y con sus argumentos, sus razones y porqués, pero sigue siendo un libro escrito con quince años. No me arrepiento, pero si no aparece mejor [risas]. Respecto a Aner, la materia es diferente. Puedo preguntarme a veces cómo nadie me dijo que este fragmento podría sobrar o podría estar escrito de otro modo, o varias partes podrían haber tenido una estética mejor, pero normalmente no me suelo preocupar por eso porque, si te preocupas por esas cuestiones, nunca publicas. No puedo arrepentirme de Aner, jamás, sé a lo que va, sé a lo que se refiere, sé lo que dice y sé todo lo que implicó para mí escribirlo y todo lo que significó. Fue un proceso en mi vida tan determinante que renunciar a él sería como renunciar a mí mismo.     

Defíneme qué son la evolución y el crecimiento para Jesús Baena.

J: La evolución es el crecimiento; desde una posición estática, estanca, sin crecimiento personal no hay evolución posible. En ese sentido, mi evolución va estrechamente ligada a mi entorno e influencias, a la herida y la sutura.

En 2015 fuiste galardonado con el Premio Cero de poesía del Pimpi gracias a tu poema Raíz de mi derrota, ¿por qué decidiste presentarte al concurso?

J: La verdad es que yo nunca he sido de presentarme a concursos, y mucho menos a concursos en los que tuviera que enviar algo por correo, porque me daba bastante pereza [risas]. Si yo me presento al concurso es porque conozco el ambiente y sé que puede haber una competencia digna, pero no de otros autores, entre autores siempre habrá competencia digna porque presentan unos trabajos donde han puesto su ilusión y su esfuerzo. Cuando yo me refiero a competencia digna es cuando sé que hay un equipo de jueces que tienen suficiente criterio para no dejarse llevar. Cuando yo conseguí ese premio, no era el primer año que yo me había presentado, yo me había presentado un año antes, donde había quedado finalista. Eso me dio mucho coraje y a la vez no me dio [risas], porque ganó Diego Medina Poveda, hijo de Diego Medina Martín que fue el editor de Aner, por esa parte no me resultó un problema. Al no haber ganado, la motivación al otro año ya no era el «voy a competir sanamente con…», no. Si yo perdí, perdí porque no fui capaz de haber hecho un poema lo suficientemente bueno para transmitir lo que yo quería transmitir.

La motivación, para mí, fue perder. Si hubiera ganado probablemente yo no sería la persona que soy hoy en día. Perder fue lo mejor que me pasó, y ganar al siguiente año no fue lo importante. Lo importante fue que conseguí superarme y transmitir lo que quería transmitir. Si alguien te dice a tiempo «lee» o «tú no sabes lo que es la poesía» o «¿has leído a Cernuda?» te planteas el «¿he leído o he ojeado?» y es cuando comienzas a obtener conocimiento y criterio, es cuando comienzas a descubrir esa influencia de la que hablábamos antes y cuando comienzas a descubrirte. Aprendí a expresar mejor lo que yo conocía de mí.

IMG_1449.JPG¿Cómo nació ese poema?

J: Nace después de un año de trabajo, después de haberlo perdido. Es un año agridulce en el que trabajo muchísimo y donde intento acercarme a lo poco que conozco de la poesía. Ese poema en realidad es una retrospectiva, es el culmen de todo ese año de elaboración técnica pero en el fondo, lo que es el contenido, es  una visión interior hacia mí y lo que yo significo para mí. Es el culmen. Platón y Aristóteles hablaban de una capacidad de conocimiento que no dependía de nada, sino de una intuición, un don, para mí tanto los lectores como los autores y los consumidores del arte tienen ese don, esa manera de acercarse a algo, sea lo que sea, pero de una forma que no se rige por nada, simplemente por intuición. A mí no me importa saber que el agua tiene dos moléculas de oxígeno y una de hidrógeno, eso no me dice nada. Sin embargo si digo que hay estelas en la mar, probablemente conozca más del mar sabiendo esto que sabiendo cuántas moléculas tiene el agua.

¿Cómo recibiste la noticia de que habías ganado? ¿Qué ha significado y cómo ha cambiado tu vida a raíz de tu victoria?

J: A raíz de tu victoria [risas]. Bueno yo sabía que ese día se fallaba porque estaba muy pendiente del premio, estaba muy nervioso porque fue muy concurrido y lo primero que piensas es que con tantas personas participando de tanto lugares, a la fuerza tiene que haber alguien mejor que tú. Tenía esa sensación y muchos nervios porque sabía quienes lo leían y lo juzgaban. Poetas de la talla de Diego Medina, Inés María Guzmán, José Infante o Francisco Ruiz Noguera, que tienen una trayectoria y  bagaje inmensos y al que no me acerco para nada, juzguen tu trabajo junto al de otros poetas participantes como David Leo o Cristián Alcalá son razones muy potentes para que no te presentes. Y cuando me comunicaron que había ganado, me sentí satisfecho conmigo mismo porque llegué a donde quería llegar, donde me propuse llegar, me daba igual cuántas personas iban a leer mi trabajo o el premio, no era lo que yo buscaba. Yo quería hacer algo que cuando lo leyeran dijeran «esto es un poema», yo quería transmitir lo que quería transmitir. Ese era el objetivo, y ese era mi premio. Y satisfacción también al ver que había sido un concurso limpio y justo, donde no había habido nada. Porque al igual que se habla del ego en el mundo de la poesía, también se habla de certámenes literarios donde ya hay apellidos, y el hecho de participar en un concurso donde se sabía que el fallo era limpio y donde nadie podía influir, eso dobló la satisfacción que sentí.

Puesto que fuiste el vencedor de la edición del año pasado, este año te toca estar dentro del jurado que decidirá cuál será el ganador del Premio Cero 2016. ¿Cómo has visto el nivel de los poemas que se han presentado?

J: El nivel es muy bueno, decirte solo que la preselección ha sido una tarea muy difícil y que hemos visto en ellos unos talentos impresionantes y unas corrientes muy diversas. Con esto vemos lo que abarca la poesía actual, sus influencias y lo que mueve a los jóvenes a escribir.

¿Se presenta muchos poetas jóvenes?

J: Muchísimos, no sabemos la edades hasta que no termine el certamen, pero por la temática que presentan y el lenguaje utilizado notamos que la mayoría pertenecen a gente joven.

¿Te has llevado sorpresas con respecto a las expectativas que tenías?

J: Desde luego, he podido apreciar y disfrutar trabajos de participantes con un nivel muy alto de expresión, de transmisión y de técnica. Lo único que me gustaría es tener la oportunidad de conocer a la mayoría de personas que han participado, para seguir conociendo qué hacen y seguirles la pista. Ha sido fantástico, se han presentado poemas muy buenos y de gran calidad.  

A raíz de esta experiencia, hoy en día, en la poesía actual, ¿se cuida más la métrica o se antepone el lenguaje y el mensaje que transmite?

J: Creo que existe un efecto curioso, por ambas partes. Hay una corriente que vuelve a la métrica, pero la toman como un punto de referencia para realizar luego cosas nuevas; luego hay poesía muy influenciada por la métrica; y por último existe una corriente donde es todo lo contrario, no existe la métrica ni un conocimiento de la tradición anterior. Insisto en que para hacer verso libre se necesita un conocimiento de lo que nos ha precedido, si no conoces esa tradición, esa influencia, es muy difícil hacer verso libre, porque este requiere una elaboración concienzuda aunque no lo parezca. Yo he visto que hay un retorno a la métrica y un despunte de interés hacia ella, y es curioso porque creo que puede ser parte de un movimiento que va en contra de lo comercial, que trata de innovar, y es muy gratificante formar parte de ello.    

Si te preguntara cuál fue el pasado de la poesía, ¿qué me contestarías?IMG_1463

J: Que es la vida misma.

¿Y si te pregunto cuál crees que será el futuro de ella?

J: La vida misma, no creo que haya otra cosa. La poesía es el reflejo de lo que hay, de lo que es la vida en ese momento. Las artes son el espejo donde el ser humano se mira y describe lo que ve. Si el ser humano se mirara al espejo ahora, ¿qué haría? ¿Qué pintaría o qué escribiría? Lo que pinte, escriba o cante eso será. Pero en resumen, qué ha sido y qué será, siempre será el espejo donde mirarnos y siempre producirá impotencia, pero más impotencia produciría el mirarnos y encontrar un abismo. Es Nietzsche quien dice que si miras al abismo este te devuelve la mirada, y en muchos momentos encontramos en el ser humano ese abismo que nos devuelve la mirada, y ahora tú tienes que sobrevivir a eso mediante estas artes y expresar lo que sientes porque, si no sientes nada, dudo que seas un ser humano.


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: Paquibel Sánchez Rueda

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Un comentario en “Vivir, sobrevivir, transmitir.

  1. Es muy interesante saber qué concepto tiene de la poesía cada uno. Por alguna razón cada vez me voy acercando más en este mundillo de contacto a contacto y bueno…. Hay de todo.

    Es bonito y a la misma vez algo contradictorio (por lo de bonito) que cada uno tenga un concepto distinto sobre lo que es o no poesía.

    Muchos autores lo han hablado, desde la poesía sobrecargada de decoro, la dirigida al dios, a la amada, a la mujer, a la política o autores como Neruda que hablan de una poesía impura para poder llegar a la gente o el mismo Sabina: poesía urbana.

    El truco está en hacer como este chico que nos presentas (de paso, gran entrevista!) escribir y dejar escribir, no hay un concepto sólo de poesía y actualmente el canon poético está más abierto que nunca, cosa buena y cosa mala porque al fin y al cabo lo único que siempre ha intentado hacer la poesía es acercarse a la gente y durante mucho tiempo ha sido disfrutada por un grupo de intelectuales.

    Gracias por compartirlo Orbe.

    Nos vemos en los recuerdos, poesía 🙂

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