Fernando Marías: «para un escritor, escribir es la forma de felicidad más grande»

Si en entrevistas anteriores hemos hablado de artes hermanadas, tales como la música y la literatura, el arte y la poesía o los versos y las melodías, hoy hermanamos la escritura con el cine gracias a la trayectoria de uno de los novelistas y guionistas más notorios de España: Fernando Marías.

Nacido en 1958 en tierras bilbaínas, y despertándose en él desde muy temprano el don del creador-narrador, viajó a Madrid para cumplir su sueño de estudiar cine. Trabajó escribiendo guiones para la televisión y en 1990 vio la luz su primera novela, La luz prodigiosa, cuya adaptación al cine consiguió numerosos premios, además de cuatro nominaciones a los Goya en 2003, donde Fernando optó a la nominación de Mejor Guión Adaptado.

A raíz de aquí y con más de una veintena de obras ‒sin contar los proyectos de su trabajo como editor, o las numerosas obras colectivas y misceláneas que ha llevado a cabo‒ Fernando Marías no solo ha explorado el mundo de la literatura y el cine, sino que también ha realizado proyectos en los que promueve la lectura entre el público más joven, donde da voz y escenario a la cultura emergente nacional dentro de un ambiente de misterio y fantasía como el que ofrece Hijos de Mary Shelley.

Como veis, queridos orberianos, os traemos una entrevista realizada a uno de los pioneros más talentosos del panorama cultural español, quien, junto a otros grandes autores y artistas, lucha cada día por que la literatura nacional sea una herramienta de calidad que pueda beneficiar en innumerables aspecto a la población joven y a toda aquella que desee ampliar sus conocimiento,  aprender a pensar y a sentir, no como un producto o una máquina, sino como un humano de carne y hueso.

fernando-marias2011-vHoy por hoy, podemos calificar a Fernando Marías como un excelente novelista español, guionista, editor y pionero en la creación de proyectos artísticos y culturales tan excepcionales como “Hijos de Mary Shelley”, pero retrocedamos unos cuarenta o cuarenta y cinco años, encontrándonos con un Fernando adolescente. Con aquella edad, díganos, ¿quién era Fernando Marías? ¿Qué inquietudes artísticas y culturales tenía? ¿Con qué ojos veía el mundo de la literatura? ¿Soñaba ya con convertirse en novelista?

No, en absoluto. Me encantaba leer, devoraba todo lo que caía en mis manos, pero siempre como complemento a mi verdadera pasión, que era el cine. En aquella época quería ser director de cine. El sueño más nítido, determinado y pasional que he tenido en toda mi vida fue aquel: Fernando Marías, director de cine… Con los años me he dado cuenta de que, en realidad, lo que quería ser era director de cine del Hollywood clásico, no director en una industria tan complicada como la española de entonces, o la de ahora.

Para usted ¿qué fue antes, el cine o la literatura? Me gustaría que durante unos minutos pensara en una película y en un libro que le haya calado de forma muy personal, sin los que Fernando Marías no hubiera sido el Fernando Marías de hoy, ¿qué lecciones aprendió de ellos?

Primero, el cine, como he dicho, aunque pronto ambos fueron de la mano. Mi película, lo he dicho en otras ocasiones, es Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969). Y mi libro, Ficciones, de Jorge Luis Borges. Hay otros títulos, pero sin estas dos obras, ciertamente, Fernando Marías no sería Fernando Marías.

Compárenos por un momento la situación de su adolescencia literaria con la actual, donde parece que coger un libro derrite los dedos y hace que los ojos sangren: ¿qué problemas acarrea esta mala costumbre de no leer? Según usted, ¿qué le aporta la literatura a un niño o a un adolescente, o mejor, a un ser humano en su etapa de crecimiento como persona adulta? ¿Qué le hace y qué le da la literatura al hombre?

La lectura es fuente de conocimiento y de análisis del mundo, y de uno mismo. Da perspectiva sobre el entorno en el que ha de desarrollarse nuestra vida, da conocimiento de los otros… Es una herramienta indispensable para ser más feliz, por decirlo de forma sencilla. Yo apoyo constantemente proyectos dirigidos a los lectores jóvenes; creo que existe el riesgo de que un lector joven, o alguien que podría llegar a serlo, pierda la fe en esa pasión. En estos días existen demasiados elementos que promueven la vacuidad, lo finito en sí mismo, la ignorancia en suma. Creo que una persona que no lee, será menos feliz que la misma persona si hubiera leído.220px-Fernando_Marias_Amondo

En su juventud, se trasladó a Madrid con la intención de estudiar cine. Díganos, ¿por qué desembocaron unos estudios cinematográficos en una carrera literaria? ¿De qué manera se impuso la narrativa en su vida y que le ha aportado? ¿Es capaz de imaginarse sin poder escribir?

Las circunstancias lo quisieron así. Yo quería a toda costa hacer cine, pero fracasaron mis pequeños intentos, torpes y mal planificados. Sin embargo, cuando empecé a escribir, la respuesta fue casi inmediata. Como si el destino, por ponernos un poco literarios, hubiera decidido apartarme del cine para llevarme hasta la escritura. Ciertamente, es un oficio que va mucho más con mi carácter independiente y solitario. Y respecto a la última cuestión, la respuesta es no: me resulta inimaginable vivir sin escribir. Es curioso, no estoy, ni mucho menos, escribiendo todo el tiempo; al contrario, soy lento y perezoso, solo escribo cuando siento de verdad el impulso, la necesidad. Pero me resulta inimaginable que la posibilidad de escribir me fuera arrebatada. Para un escritor, escribir es la forma de felicidad más grande. Al menos para mí lo es.

Quien haya recorrido su trayectoria literaria, puede ver que se mueve entre la fantasía y el terror, sin dejar atrás el realismo contemporáneo, las incertidumbres humanas y los aspectos más oscuros y psicológicos del hombre. Entre pinceladas del género de la novela negra, la novela de suspense, la novela histórica y con esa atracción que parece tener usted hacia un escenario marcado por las guerras y las contiendas, donde se desenvuelven sus personajes, díganos, ¿por qué elige precisamente estos atrezos? ¿Se siente más cómodo en novelas donde los personajes nos muestran el lado más siniestro y oscuro que guarda la raza humana?  ¿Qué es lo que intenta transmitir principalmente a sus lectores?

Me gusta ese análisis tan amplio y, por cierto, también tan generoso. Lo cierto es que nunca he intentado agregarme a ningún género o corriente; cuando defino una historia en mi cabeza, la escribo y procuro solo que la historia sea lo más libre posible, que crezca en mí sin prejuicios ni afanes preestablecidos. Es verdad que suelo retratar situaciones extremas, pero es porque así puedo expresarme mejor. Me gusta contar historias extremas, me gusta que los personajes estén al límite. Me gusta más que mis protagonistas estén sumidos en escenarios atroces, como ocurre en Invasor o Esta noche moriré, por ejemplo, que describir su periplo vital en un escenario de cotidianeidad o rutina. Soy un contador de historias. Y no trato de transmitir nada especial o, más bien, no soy consciente de lo que trato de transmitir. Me enamoro de una historia y procuro escribirla de forma que el lector se enamore también, se emocione o se vea arrastrado por ella. Ese es mi único planteamiento.

¿Ha intentado siempre que sus novelas sean relatos de evasión o, por el contrario, intenta hacer que el lector despierte y tome conciencia de lo que lo rodeó una vez y de lo que le rodea actualmente?

La evasión sin más es demasiado aburrida. Creo que las novelas o películas que tan solo cumplen esa función mueren apenas el lector o espectador las ha leído o visto, eso si no han muerto antes. No me interesan, me aburren mortalmente y no creo que tengan valor alguno. Creo que las obras de creación deben hablar del ser humano, adentrarse en él, proponer al lector una mirada reflexiva nueva, un punto de vista inédito… Por supuesto, esto puede hacerse también desde una novela que, aparentemente, sea solo de evasión.

¿Cuál de sus novelas consideraría usted su obra maestra? ¿Qué ha significado para usted y qué le ha aportado?

Obra maestra es una expresión excesiva, aparte de que, como decimos casi todos los escritores, espero aún escribir mi mejor La_isla_del_padrelibro. Pero creo que La isla del padre es un muy buen libro que me ha aportado la experiencia, tal vez irreversible, de hablar desde lo real, desde lo vivido por mí mismo. También me gustan mucho Esta noche moriré y, en juvenil, Cielo abajo. Me aportan la sensación de que son libros que siguen vivos, que viven de forma ajena a mí mismo. Que están ahí.

¿Qué opina usted sobre el mundo de las editoriales actualmente? ¿Cree que el boom que ha tenido la moda de la auto-publicación está destrozando, en ocasiones, la cultura literaria? ¿Se ha convertido la literatura en un negocio más que en una herramienta de culturalización?

La auto-publicación fue un negocio del pasado, al menos si hablamos en auto-publicación en papel. La auto-publicación digital no creo que destroce nada, creo que no mueve nada; es, en general, una fantasía que vive el autor que se auto-publica. No es real, no tiene repercusión en los lectores, ni en los críticos, ni interesa a casi nadie aparte del entorno del autor. Por tanto, no puede tenerse en cuenta a la hora de hacer un balance del mercado editorial. Simplemente, no cuenta. En cuanto a la literatura como negocio, creo que lo fue en el pasado. Ahora se es está derrumbando como tal, si no se ha derrumbado ya. El mercado de los libros en nuestro país creció demasiado rápido, sin límite ni razón, y cuando las ventas se han detenido en seco, el edificio de falsos cimientos se ha venido abajo. No creo que regrese tal y como lo conocimos. Murió. Aunque, claro está, ahora se están generando formas nuevas de mercado. Todavía no las conocemos, pero están ya tomando posiciones para ser el futuro.

Es cierto que la literatura y el cine son campos muy diversos, pero, aún así, siguen siendo campos hermanados. Adaptar un libro para producir una película conlleva siempre que parte de la esencia literaria se pierda y que, en ocasiones, el resultado sea decepcionante. Cómo guionista cinematográfico y escritor, ¿qué dilemas se le presenta a la hora de llevar una novela a la gran pantalla? ¿Existe alguna forma de llevar esta tarea con éxito? ¿Qué experiencias ha tenido como guionista?


9788495157928He tenido tres experiencias con el cine, las tres satisfactorias en diversos sentidos. Hice una película como guionista de un proyecto ajeno (
El segundo nombre, Paco Plaza, 2001), otro como adaptador de mi propia novela (La luz prodigiosa, Miguel Hermoso 2003) y fui espectador ajeno al proceso de creación de Invasor (Daniel Calparsoro 2012), donde no participé en modo alguno en el guión. Las tres películas me gustan, y no dudaría en embarcarme en otro proyecto siempre que las personas implicadas me interesasen como creadores. Es seductor, fascinante, hacer una película. Otra cosa es tener fórmulas secretas de éxito: no las hay. Una película, como un libro, se hace a ciegas, crees que va a pasar una cosa con ella y muchas veces pasa la contraria. Esto es parte del reto.

De entre sus novelas, La luz prodigiosa e Invasor han sido llevadas a la gran pantalla. Cuéntenos, ¿cómo recibió la noticia de que iban a ser adaptadas para su producción cinematográfica? ¿Qué significa para un escritor que una, o dos en su caso, de sus novelas sean llevadas al cine?

Creo que queda contestado arriba, aunque podría añadir que la noticia la recibí en ambos casos con alegría. Mi conexión con el cine sigue siendo muy grande. Me interesa mucho.

Tras unas entrevistas que realizamos en este blog a escritores como Raquel Lanseros y Alberto Escabias, quienes nos hicieron saber de la existencia del colectivo artísticos Hijos de Mary Shelley quisiéramos que el propio fundador nos explique cómo nace “Hijos de Mary Shelley”, qué es, quiénes lo compone y qué objetivo tiene.

Es un proyecto que surge de la noche de 1816 en que Mary Shelley, en Villa Diodati, concibió al monstruo de Frankenstein, en compañía de Percy Shelley, Byron y Polidori. En 2010, Ramón Pernas y yo pensamos que sería una bonita propuesta que autores de hoy contaran historias al público, historias de terror o fantásticas, tal y como hicieron aquellos escritores para pasar los días de aquel verano sin verano. La idea nació y ha ido creciendo en estos años, hasta alcanzar los seis libros editados y una nómina de 176 creadores reunidos alrededor de la chimenea.  Ahora es una plataforma de la que ha surgido una compañía teatral propia, la Compañía Hijos de Mary Shelley, que dirige Vanessa Montfort, o Diodati se mueve, una fórmula que fusiona de forma novedosa creación y turismo a partir de una concepción de Rosa Masip. Además, hemos hecho incursiones en el cine, en la música…

¿Qué impacto ha tenido este proyecto en la juventud actual? ¿Ha conseguido todos aquellos propósitos que se esperaba que consiguiera? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué ha significado para usted?

Es un proyecto que ha crecido, tiene numerosos seguidores y un cierto «halo de culto» que me encanta. Pero sigue moviéndose y generando ideas nuevas, proyectos diferentes. El año 2017, por ejemplo, será un año de grandes cambios que aún no sé cómo se manifestarán, pero me consta que se están gestando. También me agrada comprobar que somos, en cierto sentido, una gran familia.

Por último, ¿nos podría contar algún proyecto que tenga entre manos y que pronto vea la luz? ¿Cuál es el siguiente paso para Fernando Marías?

A pesar de lo perezoso que soy, tengo dos novelas listas para empezar a ser escritas. Una es extraña e inclasificable, una especie de novela futurista auobiográfica que espero que me genere gran felicidad durante la escritura.


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: Paquibel Sánchez Rueda

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