Háblame en susurros y bésame con jazz

 

«Las únicas cosas que Estados Unidos ha dado al mundo son los rascacielos, el jazz y los cocktails

Federico García Lorca.

Si la semana pasada nos sumergimos dentro del Rock ´n roll español a través de una crónica, hoy, al igual que Lorca, cruzamos el charco para embriagarnos, una vez más, de la cultura musical estadounidense y, por qué no, bebernos un Manhattan mientras realizamos este viaje. Nos remontaremos a principios del siglo XX americano, ese siglo en el que este país se encontraba pletórico dentro de aquella época dorada, prometedora de libertad, oportunidades y futuro. Les aconsejo que acompañen la lectura con un buen jazz de fondo.

Los rascacielos cortaban el aire atmosférico y la respiración pulmonar, se proclamaban así vestigios de que los sueños y la superación humana eran propósitos tangibles que estaban al alcance de cualquiera. Todo parecía florecer de manera exuberante en cada rincón de cualquier ciudad, pero la verdadera reina de aquel Jardín del Edén terrenal era la noche americana. Coronada con miles de relámpagos de luz artificial, pletóricamente vivaz por el calor que desprendían los clubs y por voz, entonaba el jazz.

Hoy en día tenemos un significado demasiado amplio para lo que en principio fue este género musical ‒y alabada sea la humanidad porque así sea‒. El mismo guitarrista Carlos Santana lo afirma: «el rock es una piscina, el jazz es todo un océano». Esta gran amplitud de matices que posee tal vez se deba por el amplio ciclo que lleva vivido, por el boom que ocasionó en la población estadounidense, su rápida expansión y el asilo tan acogedor que recibió en otras culturas; o, simplemente, por haber sido un objeto de moda tan cotizado como cualquier otro. Lo que sí es cierto es que, si el jazz no hubiera nacido, la música actual (pop, rock, rap…) jamás habría visto la luz.

01.9El jazz nace a finales del siglo XIX como una mezcla originada por la tradición musical de la población afroamericana ‒al igual que el blues‒, que se une a la influencia europea y termina de cuajar en la sociedad norteamericana. Básicamente, el jazz se origina como un género musical donde imperan la improvisación del momento y el ritmo, idóneo para el baile.

Su gran desarrollo y expansión comienzan sobre la década de 1910, en grandes ciudades como Nueva Orleans, Chicago o Nueva York. No hace falta decir que este inicio se vio manchado por las ideas racistas y separatistas que, en aquella época, inundaban la sociedad americana ‒incluso, deberíamos apuntar que hubo intentos de arrebatar este género a la música negra y apropiarlo como invención de la población blanca americana‒. Por esta razón, en los años veinte, el jazz pasaría de ser una música creada para la diversión, el baile y el regocijo, a ser un lenguaje más al servicio de la denuncia social contra estos ideales discriminatorios hacia la población de origen africano.

En un principio, los instrumentos empleados para la representación de este género eran mayoritariamente de viento, como la corneta, el trombón o el clarinete, a los que se les unieron, posteriormente, la percusión y la cuerda del banjo, el piano, la batería y el contrabajo, creándose así las big band u orquestas de jazz. En cuanto a las primeras figuras destacables del género, deberíamos mencionar al cornetista Buddy Bolden, considerado como uno de los padres y fundador del mismo, el baterista Papa Jack Laine, o el trompetista Nick La Rocca, todos ellos hijos de emigrantes de diferentes partes del mundo y nacidos en Nueva Orleans, la madre y capital del jazz.

El gran salto llega alrededor de 1930, cuando el jazz había invadido ciudades como Chicago o Nueva York. En estos años se ha integrado tanto en la cultura americana que es jazz todo lo que está en boga. Ningún otro sonido era tan idóneo para la voz nocturna de estas grandes y ajetreadas ciudades. Comienza, así, a dispararse la demanda. Surgen emblemáticos Clubs, como el Cotton Club, en los que grandes artistas, como el polifacético Eddie Condon o el genio Duke Ellington, llevaron el éxito a esta joven música que comenzaba a sonar por toda Norte América.01.1

Es ahora cuando el jazz bebe más que nunca del blues, fusionando melodía, letra y mensaje en un amazing cocktail que explota con la entrada estelar del piano, el saxofón y grandes voces como la de Billie Holiday, Peggy Lee o el afamado Frank Sinatra, dando paso al período del ritmo del swing.

Una década más tarde, el jazz es conocido por todo el mundo, pero es en esta época cuando también comienza el declive para las big band. Cada vez los instrumentos se simplificaban más ‒el acompañamiento solía ser de piano, contrabajo y batería‒ dejando ahora el protagonismo a la voz y, principalmente, a la trompeta, quien pasa a ser el alma en el estilo Bebop, en el que Dizzy Gillespie fue uno de los guías principales. El jazz llega a ser, así, sinónimo de viento.

En tan corto espacio de tiempo, esta música se ha desarrollado de manera desenfrenada, convirtiéndose en uno de los géneros musicales más amplios hasta la fecha. En la etapa de 1950, las big band han quedado reducidas a cuartetos o tríos, compuestos por batería, piano, saxofón o trompeta y contrabajo en sus mayorías.

01.4El jazz comienza a adquirir un ritmo más calmado, inspirado por el álbum Birth of the Cool ‒naciendo aquí el estilo Cool jazz‒, realizado por Miles David. Además, es ahora cuando se inician las reivindicaciones para que el color de la piel no sea un obstáculo a la hora de juzgar a un músico o a un compositor, sino que lo único que se juzgue sea el talento. De este modo, se denuncian las indiferencias que existían entre jazzistas blancos y jazzistas negros, entre profesionales que creaban un estilo musical que, antaño, había unido a millones de personas sin importar sus etnias ni la pigmentación de sus pieles.

Cada vez el jazz se va llenando más de nuevos matices y colores, introduciéndolo en una evolución comparable a un espectáculo pirotécnico. Nació, por ejemplo, el estilo del West Coast jazz, cuyo gran representante fue Dave Brubeck con su éxito Take Five. Otros estilos jazzísticos de la década de los cincuenta fueron el Hard bop, que apostaba por un retorno a los orígenes vibrantes y energéticos del jazz, en el que destacaron saxofonistas como Cannonball Adderley y trompetistas como Woody Shaw, y el Soul jazz, que volvía a inspirarse en el blues y cuyo pionero más importante fue Wild Bill Davis.

Por el contrario, la década de 1960 entra muy fuerte con las innovaciones que proponen los nuevos compositores, donde deciden romper los esquemas establecidos hasta ahora y dar un nuevo sentido y significado a la música jazz. Nace, así, el Free jazz, que rechaza elementos como el swing y se inspira en la influencia de músicas del mundo, convirtiéndose en el germen de nuevos géneros musicales.01.2

Llegamos a los vibrantes años setenta ‒os dejo dar un sorbo largo de ese coctel que hablamos al principio‒ y nos adentramos enlos tiempos del jazz fusion. Esta época es reconocida mundialmente por el desarrollo que experimentó la industria musical, naciendo nuevos género musicales como el rock´n roll. Esto conlleva a que, nuevamente, la música jazz evolucione una vez más, pero, esta vez, lo haría por supervivencia, ya que el rock ´n roll pretendía destronarlo y amenazaba con hacerlo desaparecer. No es de extrañar que el miedo ante esta innovación musical instigara al propio Sinatra a decir «la música rock la hacen deficientes que cantan letras maliciosas, lascivas. Es la forma de expresión más brutal, nauseabunda, desesperada y viciosa que he tenido la desgracia de escuchar».

Por esta razón, se introdujeron esta vez en sus filas de instrumentos la novedad de la electrónica. Se incorporan, de este modo, la guitarra eléctrica o el bajo eléctrico, colmando de sonidos nuevos el escenario del jazz. Gary Burton fue uno de los pioneros que se atrevieron a llevar los ritmos funky y psicodélicos de los 70 a la tradicional música de Nueva Orleans, consiguiendo con este atrevimiento otro gran éxito para la historia del jazz, pero no tan aclamado como se esperaba.

01.7También hay que destacar que la aparición de la música pop incitó, en igual medida, a investigar la fusión de los ritmos de ambos géneros musicales, creándose el Smooth jazz, que apostaba por una salida mucho más comercial que los otros estilos. Pero de nada servía intentar adaptarse a estos modernos años. El jazz comenzaba a decaer y el rock se imponía como nuevo lenguaje a velocidad estelar, de tal manera que, la industria musical, no volvería a ser lo que era.

Los gustos cambiaban, pero, aun así, Sinatra seguía empeñado en apostar por la clásica música de principios de siglo: «yo a esa mierda de música llamada Rock and Roll no le doy ni 5 años de vida». Fue una suerte que se dedicara a cantar y a actuar en vez de a la adivinación.  

Otras fusiones fueron el jazz latino o el jazz afrocubano, donde se mezclaban los ritmos propios del jazz con los ritmos de la salsa o la habanera. Incluso aquí, en España, se apostó por introducir un poco más este género musical y hacerlo más nuestro al fusionarlo con el flamenco, donde se contó con el don de Paco de Lucía para hacer esto posible.

Llegamos a los hermosos 80 ‒pediros otro cóctel que, a este, invita la casa‒. Básicamente, en esta década lo que se podía apreciar del jazz era el golpe maestro que le había asestado el rock and roll. Era increíble ver como un estilo musical que había sobrevivido más de setenta años comenzaba a desmoronarse, pero, aún así, quedaba muchísimo swing y soul en las almas de varios compositores que deseaban devolverle la gloria a este género.

Resurgen, aquí, los grandes festivales de jazz, los cuales intentaban acercar de nuevo al público esta música, recopilando, desde un principio, toda la historia y todos los estilos y géneros que habían desembocado y nacido a partir de ella.  Y pareció funcionar, pues, esta vez, fue el público joven quien tomó la iniciativa de revivir el jazz, despertando un nuevo interés en las compañías discográficas hacia este género.

Surgieron algunass ideas para recuperar la esencia de la música de Nueva Orleans: varios apostaban por volver a un jazz01.8 originario, sin fusiones y completamente limpio; otros, investigaban nuevas formas de Free jazz y una nueva unión al funk, y, por último, otros insistían en fusionarlo con la nueva música que empezaba a resurgir en los 80: el hip-hop. En esta última opción es donde surge la figura de Gilles Peterson, un DJ que se atrevió a dar vida a un nuevo estilo de jazz de vanguardia con bases de hip-hop llamado Acid jazz, en el que destacan figuras como Charlie Hunter o el trío Medeski, Martin & Wood, quienes abrieron una nueva etapa para el jazz de los 90 y el contemporáneo.

Terminamos nuestro viaje a través de la historia del jazz en los progresistas años 90 y en el trémulo siglo XXI, donde aparece un nuevo estilo dispuesto a hacerle la competencia al rock y a las nuevas músicas de vanguardia. Grandes talentos, como el saxofonista Ned Rothenberg o el guitarrista Bill Frisell, vuelven a apostar por una técnica primigenia donde la improvisación sea, de nuevo, el ombligo del mundo jazzístico y una inspiración en música folk, rock, o, incluso, en la música eclesiástica.

01.5De esta manera, vuelve la esencia de las big bands renaciendo ahora como el jazz de cámara, donde se llega a experimentar la fusión con la música clásica y la introducción de nuevos instrumentos como el arpa.

Referente a la etapa actual, podemos reducir a dos los estilos que han surgido del jazz en pleno siglo XXI: el Jazz electrónico, donde se experimenta con la improvisación, el Free jazz, la música clásica y la música de vanguardia actual; y el Jazz rap, que surge a partir de la mezcla con el hip-hop y se desarrolla a gran velocidad por su actual demanda, siendo grandes emprendedores de este estilo The Herbaliser, Hocus Pocus o Rafael Lechowski.

Renovarse y no perecer, esa es la regla de oro. Sentir y amar, eso es la vida, eso es el jazz. Un escalofrío por la espalda, unas manos cálidas recorriéndote el cuerpo, una constante comunicación en un beso. La esencia de ternura y profundidad humana en su estado más puro.

El jazz es un titán que siempre estará en una lucha constante contra otros titanes por seguir sobreviviendo y transmitiendo. Madre de músicas que, al final, consiguió doblegar un poco a su hijo más rebelde: el rock.

«La dispersión hacia proyectos en solitario no hubiera ayudado en absoluto. Pero no estoy interesado en iniciar una carrera en el jazz. Ya tengo una con los Stones. Mi primer compromiso es con el grupo, porque soy un Rolling Stone. Ese soy yo, mientras que con el quinteto satisfago una parte de mí que los Stones no pueden llenar, tocar con una orquesta de cuerdas y dejar que Bernard cante los temas de los mejores compositores de la historia.»

Charlie Watts (batería de los Rolling Stone).


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: PaquiBel Sánchez Rueda

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