Septiembre y sus maravillosas recuperaciones

De estos momentos del verano que te pones a estudiar escuchando a Beethoven y te da la inspiración. Claro de luna siempre ha conseguido desbloquearme y concentrarme en lo que estoy haciendo, aunque haya hecho una breve parada en esta jornada de estudio para escribir esto.

En este texto tampoco me desvío mucho del tema, ya que voy a tratar la época de exámenes de septiembre. En mi caso, no son muchas a las que me tengo que presentar en comparación con mis otros compañeros universitarios. Cuando me dicen que les han quedado 8 o 9 asignaturas de 10, casi me da un síncope, y no sé cómo a ellos no. Si yo tuviera 8 asignaturas que recuperar me faltarían horas en el día para ello.

Y sin más cuento, os voy a contar cómo voy yo. Gracias a mis queridos amigos de Youtube puedo volver a refrescar el temario que me dieron en febrero, porque si llega a ser por mi memoria, no me acuerdo ni de un cuarto de lo que me explicaron, ya que las prácticas de esa asignatura eran mucho más divertidas que su teoría. Esas prácticas fueron en el plató de la facultad −estudio periodismo, para quién no lo sepa aún ☺−: a mí me tocaba controlar los niveles de sonido y menos mal que tenía a mi compañera y amiga al lado, porque, si no, vaya audios iban a salir de ahí.

¿Queréis que os hable un poco del profesor? ¡Sabía que lo estabais deseando! Pues era el típico profesor que hablaba entre susurros. Y cuando me sentaba en la primera fila, él daba sus lecciones al final de la clase; cuando me sentaba al final, le faltaba pared a la que pegarse al principio del aula. Así que, antes de que siguiera dando clase sin enterarme de nada, me acerqué a él y le sugerí (apoyada por el resto de mis compañeros en esta prueba de valentía) que pidiera un micrófono para dar sus clases, ya que la mayoría de alumnos estaban en la misma situación que yo; y él, de buen grado, la acepto.

El siguiente día que teníamos clase, apareció con su micrófono con petaca, como los que llevan los de la tele enganchados a la camisa, pero él lo llevaba en la mano, ya que no quería dejar marca en el suéter que siempre llevaba. Pero ¿sabéis qué? Los siguientes días se los pasó por el Arco del Triunfo de Francia, para hacer referencia a los hermanos Lùmiere, porque en el resto de clases no lo trajo ni una vez más. Además, cada día se acercaba a mí y me decía: “Si usted no me escucha, dígamelo y me acercaré mientras explico para que me pueda atender mejor”; y os prometo que, cada vez que me lo decía, no me podían entrar más ganas de reír. Pero en el fondo es un buen hombre, aunque en los exámenes vaya a pillar.

Es por esto que mi actividad en el blog ha bajado, y es que entre las fiestas, los días de playa en la Nerja de mis amores y los repasos de madrugada, ¿cómo sacas tiempo para planear una entrevista a la velocidad que se hace en época académica?

Dentro de poco estaremos de vuelta dando lo mejor de nosotras y este es mi pequeño tentempié para abrir un poquito el apetito.


Autora: Andrea González Jiménez

Correctora: J. M. Gonzáles Vera

Revisión: Paquibel Sánchez Rueda

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