La esencia encerrada en las curvas

Desde la aparición de la expresión pictórica en el ser humano, la necesidad de0-1-3 transmisión ha mutado en cuanto a su esencia a través de los siglos.
Comenzamos intentando plasmar un simple relato de cotidianidad ‒escenas domésticas, de caza, de rituales‒ en las gruesas y toscas paredes de las cuevas, pasando a la búsqueda de una educación mediante la pintura, del deseo de plasmar la realidad que nos rodeaba, hasta la innovación de buscar más allá, dentro del propio mundo del pintor y su singularidad para procesar, con un pincel, lo que siente. Pero ¿cuál es ahora el siguiente paso en el arte? Simplemente, otorgar voz a lo que hasta ahora, en la pintura, nunca tuvo.

Transformar el significado de modelo, de objeto o de herramienta, destinados a la creación del arte, es uno de los propósitos que invaden las mentes de las nuevas promesas en este siglo XXI. Se busca el ir más allá de un simple pincel, de una representación e, incluso, de la propia visión del artista. Lo que ahora prima es plasmar la esencia única e inigualable que nos rodea.

Haris Lithos es uno de estos pioneros que, hoy en día, difunde este ideal dentro del mundo artístico. Utilizando la impresión como medio de ejecución, Lithos se propuso caminar un paso por delante, romper moldes y matices, y aventurarse en un significado nuevo que hará temblar las bases de nuestros conocimientos sobre pintura: buscar la profundidad del sentido, constancia, saber, vida y alma que un pincel ‒o cualquier otra herramienta‒ jamás podrá dar, y la ha encontrado en la inspiración e influencia que le proporciona la esencia femenina. Concretamente, el CULO de la mujer.

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Obviamente, este hecho puede llegar a instigar la idea de que las obras y el sentido del arte de Haris Lithos está plagada de simbología machista, pero, tal y como afirma el artista, sus creaciones tienen como principal función no hacer de la mujer un objeto de trabajo, sino ir más allá de la modelo y mostrar su importancia en el mundo, el espacio y tiempo, plasmando su esencia irremplazable sin explotar la sexualidad femenina, creando así una colaboración entre modelo y artista, donde existe una igualdad en vez de una subordinación. De este modo lanza una crítica hacia el papel que la mujer ha tenido en el arte hasta ahora: un objeto de inspiración del que se abusó y al que se le privó de voz propia, desaprovechando así su potencial individual.

0-1-0Gracias a su fama en redes sociales, como Facebook o Istagram, el arte de Lithos comienza a expandirse de forma internacional, adquiriendo críticas que alaban su nueva forma de captar la esencia humana, como las que lo catalogan de retrógrado y de déspota hacia la figura femenina. Al igual que otros artistas contemporáneos, prefiere mantener una gran distancia con los medios mediáticos, dejando a sus obras como las grandes protagonistas, lo que, irremediablemente, crea un halo de misterio y curiosidad entorno a su vida privada. Un aspecto que, al parecer, carece de gran importancia para el autor, pues prefiere que su trabajo hable por él y no influir demasiado sobre el espectador.

Sus cuadros se componen de un contraste de los fondos negros o blancos ‒en mayor0-1-1 medida‒ sobre los que resaltan las impresiones corporales de las modelos en vivos colores, como el rojo, el amarillo o el negro. Podemos encontrar desde un único grabado, hasta murales donde la repetición es la técnica predilecta, creando la sensación de ver cómo, en algo repetitivo, captamos la sutileza de la esencia única, que jamás se renovará de un modo exacto y, por tanto, será irremplazable.

Así, Haris Lithos nos empuja a recapacitar sobre la importancia de cada ser que nos rodea, nos anima a disfrutar su esencia, a aprender de él y a respetarlo. Esto es lo que yo veo en sus cuadros: una inspiración donde no se denigra el papel de la mujer, sino que se le otorga una voz nueva, y no solo a la modelo, sino a todas, incluso a mí, recordándome que jamás existirá otra como yo, que mi yo actual jamás será igual que el de ayer, ni que el de mañana. Siempre seré única, siempre seré, de alguna forma, nueva. Por lo que Lithos me ha enseñado a respetarme más que nunca como persona y como mujer.


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: PaquiBel Sánchez Rueda

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