Toulouse-Lautrec, el pincel del París marginado

Francia siempre ha sido un verdadero océano artístico. Ha sido tanto lo que la cultura francesa ha proporcionado a los artistas que, desgraciadamente, es imposible abarcar esta historia en un solo artículo que le haga justicia. Inspiración, movimientos artísticos, innovaciones, refugio, oportunidades… El país galo es uno de los mecenas más importantes que han tenido pintores, escultores, fotógrafos o actores pertenecientes a siglos pasados y actuales, pero si tuviera que elegir un periodo en concreto que destaque entre todos, elegiría el siglo XIX como el esplendor del arte en Francia.

Las vanguardias, los nuevos cánones del arte europeo y la aparición de movimientos sociológicos y filosóficos en la población provocaron que, en poco tiempo, el mundo cultural que se conocía hasta entonces metamorfoseara como una larva de chicharra, lista para llenar el mundo con un nuevo canto. Canto que muchos ven como un impulso hipócrita por parte de la población adinerada, quienes intentaban dar una imagen intelectual y cultural de sí mismos a través de la promoción de artistas. Fuera como fuese, lo que sí es cierto es que, una vez más, fue un periodo de explosión, de innovación, sin el que sería imposible explicar nuestra sociedad actual y en el que vieron la luz grandes artistas como Renoir, Gauguin, Delacroix o Toulouse-Lautrec, el protagonista de nuestro artículo.

0-5touHenri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa, más conocido por Toulouse-Lautrec, nació en 1864, en el seno de una familia aristócrata francesa. Desde muy joven comenzó a mostrar un gran interés hacia la pintura, que vio como una vía de escape, pues su vida estuvo acentuada por los múltiples problemas físicos y de salud que acarreaba, los cuales desembocaron en un enanismo. Esto le provocó la marginación dentro de la sociedad aristócrata francesa. Cumplida la veintena, decidió comenzar su carrera como pintor en París, donde conoció a otros artistas contemporáneos como Degas o, el posteriormente afamado, Vincent van Gogh, y donde muy pronto encontró su lugar en la sociedad: Toulouse elegiría ser la voz de aquello que París prefiere callar.

Al contrario que muchos, Toulouse siempre expresó su rechazo hacia las vanguardias que0-1tou apostaban por la plasmación paisajística. Para él, el verdadero arte se percibía en el pueblo, en las personas que daban vida a París, retratadas en el momento, bajo las luces de aquella hermosa ciudad y con total naturalidad. Estas características solo se las proporcionaban los bajos fondos y la gente que los componían: los marginados.  Al igual que él, prostitutas, mendigos, cantantes de cabaret o bailarinas eran rechazados por la sociedad burguesa parisina, esa que, en cuanto salía el sol, ocultaba sus vicios tras una máscara, que solo se quitaba cuando anochecía para dar rienda suelta a sus desenfrenos en estos antros. Una hipocresía que siempre llamó la atención de Toulouse y que se propuso plasmar en sus obras.

0-3touSus pinturas se han catalogado muchas veces como precursoras del arte fotográfico, puesto que en ellas lo primordial es la instantaneidad. Toulouse trabajaba así: pintaba en cualquier lugar, de manera rápida y llamado por la hermosura que desprendía el momento más simple y cotidiano de una vida que, para la gran mayoría, era vergonzosa y antimoral, pero que, irónicamente, sustentaba en gran medida la riqueza del país. Le gustaba el calor de las luces eléctricas, el ambiente que se creaba en los cabarets y el alcohol; sobre todo el alcohol.

La jornada de una prostituta, su aseo, la espera de un nuevo cliente, el espectáculo de las0-4tou bailarinas de cancán, las cantantes o los consumidores, ellos eran sus modelos y la vida en el París de la noche. Lugares como el Moulin Rouge o Le Chat Noir fueron también grandes precursores de la fama de este artista, ya que, en varias ocasiones, contrataron sus servicios para que pintara varios carteles publicitarios, un simple método para captar clientes que, poco a poco, se fue convirtiendo también en un afamado arte original de las tierras galas.  

Al contrario que otros artistas contemporáneos a él, Toulouse sí fue muy reconocido y afamado en su época; de hecho, llegó a abrir su propio estudio de arte. Viajó a Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de conocer a Oscar Wilde, quien también fue objetivo de su pincel, e incluso se vio atraído por el exotismo de países orientales como Japón, cuyas influencias podemos ver en sus pinturas y carteles.

Aún así, su estrecha relación con la vida marginal y propia de la noche hizo que contrajera enfermedades como  la sífilis, que se sumó a su grave alcoholismo y sus regulares depresiones, un cóctel que desembocó en una muerte demasiado precoz: Toulouse murió a la edad de 36 años.

0-6touImpulsor de la crítica social en el arte del siglo XIX y XX, creador del arte de los suburbios parisinos, defensor de aquellos que no poseen fuerza ni voz y padre de la cultura publicitaria mediante carteles. Toulouse puso su arte al servicio de una masa rechazada y marginada por otra que, a posteriori y sin máscaras, no podían vivir sin ellos, pues París se sustentaba de la noche que  proporcionaban y de la vida que sacrificaban; ironía e hipocresía que no pasaron desapercibidas ni por los ojos, ni por el pincel de Toulouse-Lautrec, quien, a pesar de su pequeña estatura, engrandeció la cultura artística de Francia apostando por aquello a lo que la gente prefería volver la mirada.


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: PaquiBel Sánchez Rueda

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s