Simonetta Vespucci, la mujer que cautivó el Quattroccento florentino

Cientos son las leyendas que narran el descubrimiento de las distintas inspiraciones de diversos artistas. Algunas platónicas, otras fugaces, irreales, imaginarias y, en la minoría de los casos, reales. Tan de carne y hueso que eran capaces no solo de doblegar a quien las retrataba, sino a una ciudad entera. Y ese fue el caso de Simonetta Cattaneo.

Conocida posteriormente como Simonetta Vespucci (ya que tomará este apellido al contraer sus nupcias), la figura de esta mujer sigue siendo, hoy en día, todo un misterio. Narra la leyenda que nació en Porto Venere, el mismo lugar donde, según la tradición clásica, la Diosa Venus fue concebida del mar. No es de extrañar que, a fuerza de echarle un poco de imaginación sustentada con una pizca de razón, el mismo Botticelli la eligiera a ella, y solo a ella, para que fuera la modelo en su obra culmen: El nacimiento de Venus.

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Trasladada desde el norte de Italia hacia Florencia por asuntos matrimoniales, Simonetta no solo cautivará los ojos de los artistas que allí vivían sustentados por los numerosos mecenas que deseaban culturizarse a través de su talento, sino que también cautivarían a estos mismos, siendo los hermanos Medici, Lorenzo y Juliano, sus amantes más famosos. Pronto se ganaría el apodo de La bella Simonetta, y cientos serían los artistas que suplicarían a sus pies el honor de que se convirtiera en su musa. Pintores como Piero di Cosimo, Verrocchio o el poeta Poliziano sucumbieron ante sus rasgos y ante la necesidad de convertirla en el nuevo canon de diosa clásica.

000-3Cosimo prefirió retratarla como la reina Cleopatra, aquella que embriagó de pasión al mismo César y a Marco Antonio, haciendo temblar con ello los cimientos de lo que empezaba a ser el imperio romano. Por otra parte, Poliziano la retrata en un poema como la diosa Atenea, una hermosura que rompe todos los ideales de belleza hasta entonces conocidos y que hace sucumbir hasta el corazón más fiero del valiente Juliano. Siempre encarnando figuras femeninas rebosantes de respeto, poder e, incluso, pavor; aunque claro, su belleza no inspiraba menos. Pero fue sin duda Botticelli quien la convirtió en la leyenda del renacimiento florentino.botticcelli

No se le atribuyen a Sandro Botticelli amantes ni consortes, únicamente hay constancia de una denuncia de sodomía, lo que nos lleva a pensar que tal vez fuera homosexual; pero, al parecer, se piensa que fue puesta en relación a envidias y celos por su trabajo, lo que conllevaría a que tal acusación fuera falsa. Lo que sí es cierto es que, tras la prematura muerte de la dama Simonetta ‒murió con apenas 23 años‒, Botticelli dejó claro que, cuando él muriera, quería como última voluntad ser enterrado a los pies de donde ella estuviera sepultada; y así se hizo.

0-1Esto puede inducir a pensar que estaba secretamente enamorado de ella o, simplemente, le profesaba un gran amor platónico al verla como el ideal de belleza femenina, pues, tras la muerte de la joven ‒quien no pudo ver terminada la obra de El nacimiento de Venus‒, Botticelli recreará su imagen en todas sus obras, negándose así a aceptar otra modelo. Una bella historia de amor, nacida de varias hipótesis y casi sin fundamentos, que ha sido llevada hasta el plano literario a través de la obra de Luis Racionero: La muerte de Venus.

El cuadro de Venus y Marte, en el que se retrata la atracción a escondidas que se profesaban ambos dioses, deja entrever que la diosa está claramente inspirada en la bella Simonetta; mientras que Marte, si se compara con un autorretrato de Sandro Botticelli, podríamos intuir que está creado a imagen del pintor. Lo que podría revelarnos que sí fue cierto que este le profesaba un sentimiento más profundo que una mera admiración. Fuera como fuese, sí es cierto que para Sandro, Simonetta era sinónimo no solo de belleza, sino de victoria y renacimiento.

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A encargo de los Medici ‒amantes y admiradores de la dama, como hemos dichopalas-y-el-centauro anteriormente‒, Sandro realizó varias obras más con el rostro de su musa: Alegoría de la Primavera o Pallas Atenea dominando al Centauro. En todas ellas la esencia de Simonetta está presente, cosa que no agradaba solo al pintor, sino a Juliano, su amante favorito.

La muerte la sorprendió con solo 23 años, un horror para muchos y una desgracia para la ciudad, pero el nacimiento de la diosa del Quattroccento comenzaba con este trágico suceso. Se dijo, incluso, que Dios había querido conservarla en su plena juventud y así evitar que la vejez destrozara su bello cuerpo. Artistas y mecenas quedaron destrozados, Florencia sucumbió en un baño de lágrimas. Solo el deseo de pintores como Botticelli la haría revivir en un éxtasis eterno y le otorgaría la eternidad a través del tiempo bajo la piel de una diosa, de una ninfa, de una reina o, simplemente, bajo su misma piel en un retrato.la-primavera


Autora: Jennifer María González Vera

Correctora: PaquiBel Sánchez Rueda

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