¿Te atreves a vivir en mil pedazos?

Vivir a flor de piel conlleva que, muchas veces, la vasija que contiene nuestra alma se quiebre por golpes externos e internos, llegando en ocasiones a desmoronarse en miles pedazos listos para ser reconstruidos una vez más. Obligándonos así a experimentar, a sentir, a destrozarnos y a fortalecernos en innumerables ocasiones. Aprender de estas vivencias, disfrutarlas e inspirar lo bello de las esencias que nacen aquí y transmitirlas, es otra cosa. Es dar un paso más allá, armarse de valentía y emprender el sendero que nos ofrece la poesía como vía de comunicación y de enriquecimiento. Y esto último es lo que se ha atrevido a hacer Tatiana Olivera con la publicación de su poemario Vivir en mil pedazos.

Hace unos meses, la dirección de Orbe recibió en su sede malagueña esta prometedora obra con la que, la mayoría de miembros que compusieron la mesa redonda para su análisis, quedaron maravillados. Intensa, vibrante a la retina y dispuesta a crear un vínculo único entre la autora y los lectores a través de un campo de versos llenos de naturalidad, es lo que nos ofrece Vivir en mil pedazos, una obra que, por un lado, nos muestra lo hermoso tras la cotidianidad, pero por otro, nos abre los ojos ante una crítica que expone los grandes problemas que sumergen a la sociedad actual. En definitiva, un sinónimo de inquietud humana.

Como comprenderéis, no pudimos dejar pasar esta oportunidad y quisimos entrevistar a la autora, quien aceptó amablemente nuestra petición, consiguiendo así que, una vez más, las fronteras entre Perú y España desaparecieran a favor del mundo cultural hispano.

Hoy os traemos el resultado de ese hermoso encuentro que, desde aquí y una vez más, agradecemos a Tatiana, la mujer que ha hecho posible la belleza de esta experiencia.


¿Cómo comenzó la poesía a influir en tu vida?

Recuerdo que cuando era pequeña mi hermano mayor tenía muchos libros. Él siempre ha tenido el hábito de la lectura y a mí comenzó a picarme la curiosidad, sobre todo con los libros antiguos. El primer libro de poesía que leí fue de Gustavo Adolfo Bécquer, con el que quedé totalmente maravillada con sus versos. Pronto me di cuenta de que leía los poemas con cierta peculiaridad, hacía algo más que leerlos, los sentía.

En la secundaria, en el curso de literatura, nos dejaban como tarea recitar ciertos poemas. Yo lo hacía con mucha emoción, era la asignatura en la que más destacaba porque me apasionaba. Y creo que todo nace de esa forma, gracias a las clases de literatura y a las vivencias que compartí con mi hermano mayor. Él siempre tenía el rol de papá y nos encargaba como tarea —a mí y a mis otros hermanos— leer, y yo siempre escogía los libros de poesía.

¿Nos podrías contar ahora cómo nace Vivir en mil pedazos?

La primera vez que escribí un poema lo hice a los doce años, cuando falleció mi primer cachorro cuando estaba de viaje. Me sorprendió porque no lo escribí de corrido, como si fuese un relato que expresara un sentimiento; no, me fijé en que respetaba espacios y tenía cierta musicalidad.

Vivir en mil pedazos nace mucho después, cuando hace un año comienzo a interesarme en asistir a recitales poéticos. En el primer encuentro, cuando terminaba, varias personas se me acercaban preguntando dónde podían adquirir un libro mío con mis letras, y las respuestas que podía darles eran vagas y vacías, entonces decidí hacer algo al respecto. En primer lugar creé un blog donde me pudieran leer, más tarde me decidí a dar el paso. Yo sentía que les debía algo a todas aquellas personas que se me acercaban interesadas por mis poemas, así que recopilé varios textos que creé durante una época bastante difícil para mí, pero también muy bonita. Por esta razón, Vivir en mil pedazos se divide en tres bloques: un bloque que recopila la tristeza que sentí, otro donde expreso la felicidad y el último donde invito a la reflexión social.

Con Vivir en mil pedazos, ¿pretendes transmitir unas ideas concretas o unos sentimientos concretos? O por el contrario, ¿pretendes que el mismo lector se descubra y te descubra?

Vivir en mil pedazos es un encuentro íntimo entre el lector y el autor, sin pretender nada. Los lectores siempre nos encontramos en los versos. Todos pasamos distintas situaciones en distintos momentos, pero el sentir finalmente es casi lo mismo. Y eso es lo que es Vivir en mil pedazos.

En la mayoría de mis versos románticos, pues sí creo que el encuentro es inesperado y sin ninguna pretensión, pero en mis poemas La belleza no permanece y clavos en el papel si busco una reflexión en el lector, eso sí es un propósito social que tengo, porque creo que hemos estado, estamos y seguiremos estando en un momento demasiado difícil en la sociedad, y lo escribí de una manera simple para que pudiera llegar muy directamente al lector.

Me gustaría que nos pudieras definir el papel que juega la poesía dentro de la cultura peruana, ¿cómo es la poesía peruana actual?

Aquí en Perú el consumo de cultura es bajo. Se está luchando contra eso, y estamos luchando, intentando hacer ver que necesitamos los beneficios que aporta el mundo cultural a nuestra sociedad, que se expanda y se distribuya entre todas las clases sociales.

En cuanto a los poetas, el tema principal que abordan son las vivencias. Considero que las vivencias son el máximo material de escritura para un escritor. En Perú tenemos poetas contemporáneos superjóvenes, pero también mayores, y los eventos, como recitales, se están multiplicando. De esta forma animamos a que nuevas personas se interesen por este arte y demos la oportunidad a nuevas promesas de la poesía peruana actual de exponer su trabajo.

El papel de la poesía es primordial, es entretenimiento de cultura y la gente se atreve, no solo a conservarlo, sino a adaptarlo y a mezclarlo con ritmos musicales y otras formas de escrituras.

Según tu punto de vista, ¿por qué la poesía es necesaria para la educación, qué aporta en el campo docente?

De por sí, la poesía es ya un arte, es el llamado arte de escribir mediante los sentimientos, de esta manera nos sirve como herramienta de mejora personal, además de aumentar nuestro potencial de escritura mediante distintos mensajes lingüísticos que podemos formar en el poema. Si me pongo ahora desde el punto de vista del lector, la poesía es importante en la educación porque nos muestran mensajes sociales y personales, nos transmiten vivencias de las que podemos aprender. La poesía nos ayuda a desarrollarnos como persona, y una persona siempre lee y escribe, porque nos hace libre.

Por último, si te diera la oportunidad de transmitir un mensaje a aquellas personas que sienten la necesidad de descubrir el mundo de la poesía, de vivirlo y sentirlo, incluso de escribirlo o, simplemente, mostrarlo, y no lo hacen por vergüenza o por miedo, ¿qué les aconsejarías?

Para experimentar la vivencia poética, es decir, publicar tus escritos, hay que ser verdaderamente valiente. Sabes que estás mostrando tu lado más íntimo, más vulnerable, y el miedo a las críticas es constante. Por esto hay que tener valor. Yo les aconsejo que lo sean, que escriban, que sientan, que transmitan y, sobre todo, que lean, porque la lectura nos va a ayudar a madurar nuestra escritura y a enriquecernos.

Hay que dejarse llevar y solo hacer caso a uno mismo, y tras mostrar su trabajo, sus vivencias narradas en forma de poemas, hacer críticas constructivas donde nos ayudemos los unos a los otros. Pero, lo más importante de todo es que jamás dejen de escribir y de leer, porque la libertad está ahí.


Autora: Jennifer María González Vera

Corrector: Guillermo Ruiz Jurado

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