Fernando Martínez: químico de día, amante de los escritos en la noche

Con un átomo de nitrógeno y tres de hidrógeno componemos el amoniaco. Con uno de sodio y otro de cloro, formamos el cloruro sódico. Con una porción de Jaén y otra de Almería, conectamos dos grandes ciudades andaluzas a través de un escritor que es capaz de enseñar con cada una de sus palabras, no solo a sus alumnos, sino a todos sus lectores y amigos.

Fernando Martínez López, doctor en Ciencias Químicas y profesor de Física y Química, es uno de esos autores que se han redescubierto a sí mismos gracias a la odisea de la escritura. Con varios artículos científicos publicados y su pasión por la lectura, en 2002 comenzó su andanza como maestro en el arte de las letras. Con trabajos como Sanchís y el pergamino azul y su secuela se adentraba en la narrativa juvenil para pasar, con títulos como El sobre negro o El rastro difuso, a una literatura más adulta y pulcra.

Con Fresas amargas para siempre dio el salto a la novela negra en el 2011 y en este pasado año (desde hace apenas 48 horas) ha visto la luz su secuela, consecuencia de que mi persona se percatase de que teníamos en esta ciudad, tan preciosa como lo es Almería, a un escritor de su talla: Los últimos recuerdos del reloj de arena.

Varios premios y colaboraciones en antologías después, entre los que incluimos el XXXI Premio de Novela Corta “Ciudad de Jumilla” o el X Certamen Literario Santoña… la mar, y siendo actualmente miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, del Instituto de Estudios Almerienses y participando en el Circuito Literario Andaluz del Centro Andaluz de las Letras, Fernando puede presumir de tener uno de los mejores puestos dentro de nuestra provincia como autor, además de, me aventuro a afirmar, nuestro país.

No es necesario decir más por mi parte, tan solo agradecer al autor su implicación y rapidez con esta entrevista, además de su impoluta e intachable profesionalidad. Le deseo toda clase de suertes en este arduo mundo en el que nos movemos los literatos.

Tu último libro, secuela de Fresas amargas para siempre, se desarrolla en Almería y nos ofrece la historia de una detective, es decir, que está incluida en el género negro. Lorenzo Silva comentó sobre su novela que este género es de difícil escritura dentro del panorama nacional por su difícil aceptación en cuanto a profundidad de personajes y empatía hacia el lector. ¿Estás de acuerdo con dicha afirmación?

Es un género complicado porque el argumento se convierte en primordial, aunque en mi caso le doy igual importancia al estilo. Hay que introducir una serie de indicios que conduzcan a la resolución del caso de una forma coherente y atendiendo al principio de causa-efecto, de manera que cualquier hecho quede suficientemente justificado, y simultáneamente hay que mantener la necesaria intriga para que al lector le apetezca descubrir qué encierra el capítulo siguiente. En cuanto a la aceptación de este género, es evidente que goza de buena salud. Por naturaleza al ser humano le interesa lo misterioso, le vence la curiosidad por descubrir por qué ha sucedido esto o lo otro. Sin embargo, ya es cuestión de la habilidad de cada escritor el que se profundice en la construcción de los personajes y en la conexión con el lector, pero esto es algo independiente del género literario del que se trate.

¿Por qué una detective?

Un escritor es a la vez un actor que interpreta múltiples papeles, el de los personajes que crea, y para mí, que soy hombre, supone un reto especial introducirme en el pensamiento de una mujer para interpretar ese papel del que hablo. En el caso concreto de Fresas amargas para siempre y de Los últimos recuerdos del reloj de arena, se hacía además conveniente que la protagonista fuera femenina por determinados aspectos del argumento, y es así como elijo a la inspectora Gabriela Ruiz.

Almería cobra mucho protagonismo en varias de sus obras. Es una ubicación poco utilizada en el mundo de la literatura a pesar de su gran riqueza y biodiversidad. ¿Daría algún consejo en particular a un compañero escritor que desee incluir descripciones de esta ciudad? ¿Algún punto a tener en cuenta especialmente?

Me gusta reivindicar Almería como lugar literario, aunque en mis obras aparezcan también otros escenarios. Lo que importan son las buenas historias y estas pueden transcurrir con igual intensidad en Londres, Madrid o Almería. Debemos perder el complejo de inferioridad. Además, a los lectores almerienses les gusta reconocer en la novela lugares que frecuentan o por los que transitan, y para aquellos de fuera, la obra literaria se convierte en un escaparate o en una tarjeta de presentación de nuestra ciudad y provincia. Como consejo para aquellos que deseen introducir Almería  en sus escritos, les diría que sean fieles en las descripciones pero que, a la vez, intenten transmitir al lector qué sensaciones despiertan en ellos esos lugares.

¿Por qué comenzar con narrativa juvenil?

Creí erróneamente que la literatura juvenil era más sencilla para un escritor incipiente. Luego descubrí que tiene sus propias normas y que su dificultad es, cuanto menos, similar a la destinada para adultos. De todas formas, es difusa la frontera que determina las edades para las que son apropiadas determinadas novelas.

A todos nos llega un momento en la vida en que decidimos hacer algo que nos destaque. ¿Cuál fue el momento preciso en el que decidiste comenzar tu andanza como escritor?

Comencé mi primera novela (inconclusa) a los diez años, una aventura de piratas. Luego hubo otros escarceos durante la adolescencia y la juventud. Sin embargo, apareció un vacío cósmico en mi faceta de escritor durante muchos años. Es a los 36 cuando decido retomar la afición-pasión de escribir, pero esta vez en serio. Fueron varios los motivos: comprobar que mi imaginación seguía intacta, pues cada noche inventaba un cuento para mis hijos; tener más tiempo libre y, también y principal, mantener ocupada una mente activa como la mía en algo que me gustara.

Siendo profesor en institutos has tratado con adolescentes a diario durante mucho tiempo. ¿Crees que la juventud española puede tener inclinaciones a la lectura si se les inculca desde pequeños o, por el contrario, piensas que las múltiples distracciones que residen hoy día en nuestra sociedad (sobretodo tecnológicas) afectan al poco interés de los mismos?

Hay una seria competencia en el mundo del ocio, porque no debemos olvidar que la literatura puede ser muchas cosas, pero sobre todo tiene que ser entretenimiento. Pero es importante resaltar que la literatura aporta una serie de valores como son conocimiento, madurez y sentido crítico, y eso la hace fundamental. Es necesario incentivar el hábito lector desde la infancia, y nada mejor para ello que en las casas haya libros y que los padres lean, y también que en los centros escolares, además de los clásicos, se incluyan una serie de lecturas atractivas para los alumnos. Primero creemos el hábito, ya tocará más tarde profundizar en textos más complejos.

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¿Cuál es tu opinión acerca de la autopublicación?

Que una editorial apueste por tu obra y arriesgue su dinero es complicado, por eso la autopublicación es una alternativa válida para aquellos escritores que no consiguen publicar por la vía tradicional. Hay colegas bastante buenos que no les queda más remedio que dar este paso. Pero cuidado, no todo vale. Bajo mi punto de vista, la editorial de autopublicación debe velar por la calidad de lo que edita y hacer una selección y corrección necesarias. Si no es así, se hará un daño difícil de reparar. De hecho, ya se está haciendo en algunos casos.

¿Qué es lo que más te cuesta a la hora de componer una obra? ¿Tienes problemas con los títulos?

Cuesta todo: el argumento, estructurar la trama, construir los personajes, elegir la voz narradora, el tiempo verbal más adecuado. Una misma historia puede tener distinto sabor según cómo la escribas, y es obligación del escritor encontrar la receta más adecuada. Y en cuanto a los títulos, barajo varios hasta encontrar el que me satisfaga, que sea atractivo y guarde relación con lo que se cuenta.

¿Por qué el título Los últimos recuerdos del reloj de arena?

Es una metáfora de un hecho principal de la obra que no puedo desvelar para que el lector no pierda la curiosidad y el interés.

Para terminar, nos gustaría saber qué novela te costó más escribir y cuál recomendarías a un lector que quiera iniciarse en los mundos de Fernando Martínez.

Por extensión y documentación, El mar sigue siendo azul (Editorial Baile del Sol), una novela histórica basada en el accidente nuclear de Palomares. Recomendaría cualquiera de ellas. Para algunos lectores, la citada es la que más le ha gustado, pero la que más alegrías literarias me ha proporcionado ha sido Tu nombre con tinta de café (Editorial Algaida) que fue Premio Felipe Trigo y finalista de los premios Fernando Lara y Andalucía de la Crítica. Por otro lado, a los lectores les está gustando bastante la trilogía de novela negra ambientada en Almería compuesta por Fresas amargas para siempre (Editorial Autores Premiados), El jinete del plenilunio (Editorial Arráez) y Los últimos recuerdos del reloj de arena (Editorial Premium) (en realidad las editoriales Autores Premiados y Premium son la misma, ha habido un cambio de nombre). Pero, como digo, las otras novelas también pueden ser una buena manera de iniciarse en mi obra. El lector podrá comprobar la evolución estilística si lee varias de ellas.

Un saludo a los lectores del blog.


Autor: Paquibel Sánchez Rueda

Corrector: J. M. González Vera

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