«Los cómicos podemos ser estrellas del rock, pero por poco tiempo» (Primera parte)

Decía Andy Warhol que en el futuro todo el mundo sería famoso durante 15 minutos. Mi invitado de hoy (Gustavo Biosca, 1977) lo fue durante algo más de un año. Sus apariciones como El cómico suicida tuvieron más éxito en Youtube que en el programa de la Sexta (Sabías a lo que venías) en el que originalmente fueron emitidas. En ellas, hacía gala de su vocación suicida acudiendo, por ejemplo, a la entrada del cine Kinépolis a destripar el final de las películas a los espectadores, o a bares llenos de aficionados del Real Madrid con una camiseta del Barça. Afortunadamente, salió vivo de todos aquellos lances, sin perjuicio de haber temido por su vida en más de uno.  

Sin embargo, muchos de quienes lo seguían en aquella época no se imaginaban que Gustavo era un suicida de verdad y que estaba pasando por una profunda adicción a la cocaína que casi acaba con él en varias ocasiones. No obstante, lo que caracteriza a Gustavo es salir airoso de situaciones difíciles y, al igual que en sus bolos, consiguió superar su adicción, en este caso gracias al hartazgo y a un retiro espiritual de ayahuasca durante varios meses en Perú.

Quedamos en un local de Lavapiés bastante peculiar. Su nombre es El escondite y Gustavo me cuenta que toda la decoración, incluidas las sillas, están recogidas de la basura. En persona, aun así, Gustavo no se esconde y es impetuoso, carismático, provocador y sus opiniones arrecian como un torrente la corrección política y el adormecimiento de nuestra sociedad.

¿Tú has sido más suicida que cómico?

Gustavo Biosca: Toda la vida he sido más suicida que cómico. Desde pequeño he estado muy asociado con la muerte. Además, vengo de una ascendencia de familia de brujas y de gente experimentada en el más allá y contactada con los ovnis. Sin ir más lejos, mi tío era Antonio José Alés, que tenía un programa en la SER que duró muchos años. Ahora mismo la gente no lo conoce, pero Iker Jiménez lo cita mucho en sus libros.

De pequeño era perceptivo; lo que pasa es que lo he perdido al hacerme mayor. A muchos niños les pasa. Lo de los amigos imaginarios es real. Yo veía duendes punkies que salían de mi armario. Eso no lo hace la imaginación de un niño. También recuerdo que le hablaba a mi madre de un hombre calvo con maletín que me miraba en el pasillo de casa y solo lo veía de cuatro a seis de la tarde. Una vez, cuando tenía tres o cuatro años, le dije a mi madre «Tengo claustrofobia de mi cuerpo» porque aprendí la palabra claustrofobia ese día. Mi madre me respondió: «Es lógico. Tu cuerpo es un coche y dentro tienes tu alma», y lo entendí perfectamente. Curiosamente el cerebro está preparado para entender eso.

Es absurdo pensar que la vida es solo ir a comprar el pan y a trabajar, y los domingos hacer una barbacoa. Evidentemente existimos aquí por algo, no por Dios o Alá sino que la realidad es que venimos del universo y la conciencia. Al igual que el oro o cualquier otro mineral, la conciencia es parte del universo.

Al fin y al cabo siempre ha habido individuos capaces de mirar de más…

G: Y los llamamos individuos por eso. La conciencia también se crea y nosotros venimos de la conciencia de la madre tierra, que a su vez viene de la conciencia del sol. El sistema solar por sí mismo es un ser vivo.

Es como una réplica de microcosmos…

G: Somos una muñeca rusa. Tu cuerpo es una prueba de todo eso. El oro existe desde siempre y lo puedes convertir en millones de cosas. La conciencia es materia también, pero es una materia que no entendemos.

Mucha gente que viaja con sustancias como los hongos tiene visiones personificadas de la madre tierra. Ve, por ejemplo, senos en las montañas…

G: Digamos que geográficamente al tomar hongos es lógico que si ves dos montañas con forma de tetas imagines a la madre tierra o a tu novia.

De todas formas, la tierra no tiene sexo…

¿Cómo los ángeles?

G: Yo creo que esos conceptos se van cambiando. ¿Tú conoces el juego del teléfono? Si yo a alguien le digo «Estoy viendo un reloj con un muelle que marca las seis», otra persona va a interpretarlo con sus propias palabras y se va a ir modificando el mensaje al llegar a los demás. La conciencia no tiene sexo; lo que tiene sexo es precisamente la forma de volver a recrear esa conciencia en todos los seres vivos: es lo que ha inventado la conciencia; dividir el mundo en dos sexos y convertirlo en el arma más potente del planeta. Todo se mueve por sexo, pero no solo me refiero al acto sexual, sino a ligar, quedar con alguien, gustar, el acto de agradar. Ahora mismo estamos en una zona de marcha de Madrid. ¿Por qué te crees que la gente se viste así para salir?

Foto 1.jpg

¿Y qué tiene más capacidad de agradar: la magia o el humor?

G: Depende de los paletos que hayan venido a verte. Yo hay veces que veo un público y pienso que con el monólogo no van a entrar, y a otros públicos con los que pienso que con la magia no van a entrar.

¿Sueles intuir cómo va a reaccionar el público nada más verlo?

G: Eso es imposible. Quien diga que ya lo sabe, no tiene ni puta idea. Vas a sitios a actuar en los que piensas que lo vas a petar porque tienes un escenario guay, un público joven…y te pegas un señor hostión y no se ríe nadie; otras veces vas y hay viejos, niños, el sonido está mal y es el mejor bolo de tu vida. Con el tiempo aprendes que no hace falta dar nada por sentado en un espectáculo.

¿Puede tener también algo de profecía autocumplida? Si piensas que el monólogo va a ir bien, provocarás que vaya bien…

G: Todo lo contrario. Cuando piensas que la cosa va a ir mal y te acojonas, coges una energía especial para que vayan mucho mejor las cosas y lo consigues. Es importante cargarse de energía antes de empezar la actuación. Yo antes actuaba como cuando iba a comprar el pan y he aprendido a tener miedo en las actuaciones; el miedo te hace escapar de las situaciones rutinarias.

En 2007, alcanzaste cierta fama en la sección de El cómico suicida del programa Sabías a lo que venías. Uno de los grandes traumas de tu infancia fue la muerte de un toro a manos de unos salvajes en una fiesta popular. ¿Nunca pensaste en vengarte como cómico suicida?

G: He pensado en vengarme muchas veces y, de hecho, lo hice cuando tenía 15 años. Había una plaza de toros donde iba la gente a clases de tauromaquia, así que todos a los que nos gustaban los animales íbamos a pegarles. Más tarde, empecé a ser el típico antitaurino que dejaba de hablarle a alguien si se enteraba de que le gustaban los toros. Así hasta que un día me invitaron a actuar en un chalet, pero no me dijeron que el dueño era un torero conocido. Encima cuando llegué la familia empezó a tratarme superguay y a decirme que el torero era un gran fan mío, que era su cumpleaños y que no sabía que iba. De repente, apareció un tío con un traje de torero lleno de sangre.

¿Recién venido de la plaza?

G: No venía de la plaza; más cruel aún: Venía de ensayar con vacas. ¿A que eso no lo han contado nunca? Ensayan la estocada con vacas, pero luego era un tío de puta madre, muy majo y agradable y lo vi como una especie de incongruencia porque el tío era super-amante de los animales y conocía todos los animales, tenía sus perros y gatos adoptados… Entonces pensé «Vivo en España. Como te lleves mal con los taurinos, tienes que dejar de hablarte con medio país», y, además, vivo en Madrid, la ciudad más taurina de España. La gente piensa que lo más taurino es Sevilla y los pueblos. ¡Una polla como una olla! No he visto nada tan taurino como Madrid. Yo he estado en un pueblo y han puesto los toros en la televisión y la peña ha pedido que se quiten y el dueño los ha quitado disculpándose. Aquí en Madrid ponen los toros en un bar y hay peña que se va pero mucha gente se queda viéndolo. Es muy fácil decir que los taurinos son la gente de pueblo. Es mentira. Madrid es super-taurino. Aquí en Lavapiés o en Malasaña, no hay problema, pero en cualquier otro barrio es así. Yo lo que no tendría sería una novia taurina porque acabaría discutiendo todos los días.

Sin embargo, al final lo he aceptado. Yo he sido vegetariano dos años. Es mucho tiempo porque soy carnívoro y pasé mucha hambre. Además, en una época en la que no existía ni la palabra «vegano». Era muy complicado comer vegetales. Tuve que volver a comer carne porque me moría. También me he dado cuenta de que, si no comes carne, no tienes la misma energía; se nota un huevo en el gimnasio con los músculos. Al tomar ayahuasca he entendido que las plantas son seres vivos y he pensado « ¡Qué incongruencia es esta!», ¿Que una planta no es un ser vivo por no tener sistema nervioso? ¡Pero si las plantas tienen millones de años de evolución más que nosotros! Encima no entendemos su naturaleza. Entendemos que se pone una semilla y sale algo ahí, pero ya se sabe que tienen sentimientos y que están conectadas a través de una red a la madre tierra. ¿Qué sentido tiene que un árbol se yerga y esté así 100 años y luego se pudra? Va más allá de lo que podamos imaginar. Las plantas son seres vivos y los animales son seres vivos. Convertir la muerte de un ser en espectáculo me parece vil, la caza para comer me parece bien.

¿Has llegado a entender alguna vez a los taurinos?

G: Yo antes discutía con ellos y ahora, cuando hablo con ellos, quiero que me cuenten y me han explicado muchas veces la historia de la tauromaquia y cómo lo viven ellos. Me parece fascinante porque es increíble que ellos lo vean tan absolutamente normal: sacar a un pobre animal a la plaza… Es como lo de los circos romanos con los cristianos. A mí la gente que antepone la vida de un ser humano a la de un animal me parecen los animales ellos. Me gusta más la gente que dice que somos todos seres del planeta y punto. Si me tengo que comer un conejo, me lo como porque, si no, me come él a mí.

Los taurinos anteponen lo que ellos conciben como arte a la vida de un ser vivo…

G: ¡Es un arte! Eso de que «Donde hay tortura no hay cultura» es una frase muy bonita, pero es mentira. Estoy seguro de que la necrofilia es otro arte. Entrar en un cementerio, que no te vean las cámaras, romper un nicho y que no te escuche el enterrador, y tirarte a un cadáver en descomposición es otro arte macabro. Igual que los asesinos en serie.

A lo mejor pensamos que el arte tiene que obedecer a criterios estéticos y morales, pero se desarrolla de otra forma.

G: Realmente en España hablamos de arte cuando has estudiado Hª del Arte. Yo soy cómico y mago, no un artista. Lo que pasa es que llamamos arte a cualquier cosa.

Foto 2.jpg

¿El humor tiene que obedecer a criterios morales?

G: El humor siempre tiene que obedecer a criterios morales según veas al público. Ahora muchos cómicos se quejan de los políticos del PP que roban, y luego cobran en B sin ser autónomos. La gente en Facebook pone a parir a los políticos. ¿Cuántos de ellos hace cualquier cosa por ahorrarse pagar el IVA?

Me acuerdo de un aforismo de Nietzsche en el que critica a los leones sin garras que se quejan de la violencia de los leones con garra.

G: Los españoles hemos sido los mayores ladrones del planeta. De hecho, en Suiza prohíben la entrada a muchos españoles. Las alarmas de la ropa las inventaron los ingleses para que no robaran los españoles. «Camorra» es una palabra española. La mafia italiana se creó gracias a emigrantes españoles. Este documento lo tienes en Google. En París esas cosas son imposibles. La gente es consciente de que tiene que pagar las facturas y hace falta hasta un seguro para alquilar una habitación. Te vas a Portugal y son mucho más cívicos. Tenemos naturaleza ladrona.

Entonces esa naturaleza no se entiende por razones climáticas…

G: Ten en cuenta que nosotros conquistamos todo y para eso hay que robar, y los conquistadores eran seleccionados en las cárceles. Se les decía: « ¿Qué prefieres: pudrirte aquí o irte a las Indias?», y allí los mandaban a arrasar con todo. Muchas veces me han dicho que me cuele en el metro, ¡¿Para qué pagar?! Lo mismo ocurre cuando el cajero se confunde con las vueltas a favor del cliente. Pasa lo mismo con las actuaciones. En España el público es muy paleto y luego como muy orgulloso a la antigua, en el aspecto de que si tú actúas en un sitio y caes bien, de puta madre, pero si no gusta tu espectáculo, y no estás haciendo nada por caer mal, te conviertes en gilipollas.

¿Qué es un paleto?

G: Para mí un paleto es el clásico imbécil retrógrado, al que le gustan las cosas que le gustan a todo el mundo, que sigue a las masas… Por ejemplo, para mí, alguien del Madrid o del Barça es un paleto, aunque sean los mejores equipos del mundo, porque una cosa que le gusta a todo el mundo te convierte en un puto borrego. Pasa lo mismo con la música, por ejemplo, Enrique Iglesias o Luis Fonsi. Yo creo que ellos se ríen de sus propias canciones. Ellos escucharán AC/DC y movidas de esas. Encima tienen 300 millones de visitas en Youtube. ¿Tú crees que a Luis Fonsi le gusta su canción de «Despacito»? Pero ha sido un fenómeno. ¿A quién atrae ese fenómeno? A los borregos, a los lacayos, a los paletos, a la gente que no tiene un criterio musical. Para mí, vídeos que tengan más de cinco millones de visitas se convierten en vídeos para paletos.

Por otro lado, no te digo que ese tipo de música no tenga un enganche social para bailar en discotecas con poco gusto musical o en fiestas de pachangueo. Para eso está muy bien. Yo no voy ahí, pero para la plebe está muy bien. Bueno… hablo de la plebe, aunque yo también lo soy, pero me gusta ir de sangre azul [risas]. Veo a las chicas super-guapas en la discoteca entusiasmadas con la canción y yo pensando «¡Seréis paletas!» Yo prefiero a una chica a la que le molen grupos que no son así. Una persona así merece la pena porque tiene una personalidad especial. No ha querido ser como el resto de todo el mundo. Casi prefiero a una tía a la que le gusten los toros a una tía a la que le guste Enrique Iglesias y Luis Fonsi. Ojo, que a mí no me caen mal ellos como personas, y no odio su música. Simplemente pienso que la gente a la que le gusta ese tipo de música es muy cortita y no tiene un gusto selecto si no es ya por la música, por nada, porque dime tú a mí cuáles son los pasatiempos del ser humano aparte de la música y el deporte. La música es lo que mejor puede definir la personalidad de alguien.

Fíjate que las canciones de Luis Fonsi puede tener su razón de ser en una discoteca barata, pero hay personas que las escuchan siempre: cuando están en el gimnasio, en el autobús; es lo único que conocen porque les han bombardeado desde pequeños…

G: ¿Qué coño desde pequeños? Si venimos de una cultura musical de los 70, 80 y 90 y, de repente, se convierte todo en basura.

¿Tú crees que había mejor música en los 70 y 80?

G: Por esa pregunta debería mandarte a la silla eléctrica, y lo sabes tú también. Hay una cosa curiosa porque Mick Jagger dijo que en la música ya se había inventado todo. Es una de las frases que más la han cagado en la historia. Luego llegó el tecno, el rap, el heavy metal, el trash metal… Yo ya pensé que no se podía inventar otra y ha llegado ahora el reggaetón.

La verdadera música es el rock y la música clásica; es la que siempre va a gustar porque es eterna.

Pero en los 70 y 80 también reinaba la música disco…

G: Es que de la música disco salió el tecno, el house… y ahora se llama minimal. Ya no existe el bacalao. Ahora es acojonante porque, cuando yo iba a discotecas, los dj’s se ponían a pinchar y nadie los miraba. Si pinchaban Mulero o Abel Ramos, sabías que estaban pinchando ellos, pero no te ponías a mirarlos. En cambio, ahora la cabina del dj está más bajita, sin vallas de protección y, cuando sale el dj, la peña flipa. La peña ya no se droga como antes y se queda mirándole; eso me gusta porque la gente está ahora escuchando la música electrónica sin dejarse llevar por el magnetismo del éxtasis ya que la música estaba diseñada para la pastilla; era bonito porque te metía en el rollo. El minimal está diseñado para escucharlo drogado o no. Es acojonante. Ahora ves a los dj’s que parecen cómicos. Aparte, salen y no hacen nada. Y la peña flipándolo. Hay dj’s que actúan cuatro veces cada noche en verano. Se van a Ibiza, luego actúa en Barcelona y, en Nochevieja, pueden actuar en cinco ciudades europeas distintas.

Las estrellas del rock hoy en día son los dj’s

G: Ahora mismo en España las nuevas estrellas del rock son los cómicos, pero no es como un cantautor, que sale a tocar y puede tocar la misma mierda porque te van a ver a ti. Si eres cómico, te ven un espectáculo o dos; al tercero ya te dicen que les estás contando lo mismo, así que puedes ser una estrella de rock muy poco tiempo. A mí me ocurrió eso, salir a los escenarios y la peña tocándome incluso, y sexualmente muy bien también [risas]. Era acojonante porque antes la gente me venía y me decía «¿Te echas una foto con nosotros?»; ahora se me acercan y me dicen «Perdona, ¿nos puedes echar una foto? » [risas].

Tu humor se caracteriza por tomarle el pelo a los demás. ¿Alguna vez te han trolleado a ti?

G: Todos los días soy víctima de muchos trolls. Es curioso porque ahora cuento una historia en mi show. Lo dejé con una novia y, no sé por qué, me empezaron a entrar muchos tíos por internet y hubo uno con quien tuve la siguiente conversación a las cuatro de la mañana:

  • Hola.
  • Hola.
  • ¿Qué tal?
  • Bien.
  • Soy Macho Árabe.
  • Pues yo soy Cabra Mesopotámica.
  • Soy Macho Árabe de 25 centímetros.
  • ¡Qué bajito!
  • ¿Quieres quedar conmigo? Vivo en Madrid.
  • Es que eres muy bajito. Si quieres quedamos y te cruzo con mi gata, que está en celo, y tenemos gatos persas [risas].

El tío me bloqueó y ahí me di cuenta de que no era un troll. También me entran perfiles falsos de exnovias.

¿En cuestiones de humor España se está haciendo más abierta o más cerrada?

G: Se está haciendo más cerrada. Antiguamente era muy cerrada, se abrió su mente y ahora, de repente, ha entrado un feminismo hiper-fuerte, que es machismo real, porque ahora si te metes con un tío, no pasa nada, pero si te metes con una mujer, eres un machista. A mí me está pasando en cada bolo desde hace un año y medio. Eso es más machista que feminista, porque yo creo que el feminismo buscaría la igualdad, que yo me meta con un hombre o una mujer y genere la misma risa. Las feminazis son como el otro lado de la moneda de los machistas. Uno debería querer la moneda de canto.

Foto 3.jpg


Autor: Daniel Soler

Corrector: J. M. González Vera

Anuncios

5 comentarios en “«Los cómicos podemos ser estrellas del rock, pero por poco tiempo» (Primera parte)

  1. Gus, te conocí en el 99 y ya eras adorable. Soy Irene la camarera del Burladero amiga de Pablo y Daniel “el seductor”. ¡Enhorabuena por la entrevista!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s