«Nuestro corazón tiene los latidos contados» (Segunda parte)

La conclusión a la que llega Gustavo Biosca en su Diario de un cocainómano es que todo tiene capacidad de enganchar y que es el sujeto quien tiene que medirlo. Al igual que las drogas, el amor es fuente de un placer infinito, pero también puede usarse desde el rencor y los complejos para convertir la experiencia en un infierno. En esta segunda y última parte de mi entrevista con Gustavo charlamos de amor tóxico, del que produce sobredosis y del que saca la mejor parte de nosotros, y hablamos de otras sustancias tóxicas, de las que nos hacen perderlo todo y de las que nos hacen recuperarlo con valor añadido. «Arremangaos las faldas, señoras mías, vamos a cruzar el infierno».

 

¿Quién el responsable de la adicción: la cocaína o el adicto?

 

G: La persona, sin ningún tipo de dudas. La prueba está en que no todo el mundo se engancha. Hay gente que toma la cocaína y no le gusta, y otra con naturaleza adictiva. Es curioso porque yo, exfarlopero,  he tenido algunas novias con problemas de alimentación, y los novios que ellas tuvieron anteriormente eran drogatas o exdrogatas. Hay una unión ahí extraña. Esto hay que estudiarlo.

 

¿Conexión entre farloperos y chicas con problemas de alimentación?

 

G: Debe ser que nosotros los drogadictos tenemos una personalidad muy infantil y las chicas así suelen ser muy manipuladoras, entonces quizá necesitan un tío con un problema para poder manipularle y tratarle como a una marioneta.

 

¿Conoces a Irvine Welsh…?

 

G: Efectivamente… ¡Ni puta idea! Soy un paleto, no lo conozco.

 

Es el autor de Trainspotting…

 

G: ¡Ah! Si empiezas por ahí ya sé que hay un libro…

 

Pues este escritor suele retratar a personajes yonquis…

 

G: Porque él lo es. Seguro que él se pone, o se ha puesto, hasta la bandera.

 

Sí. De hecho, él cuenta las grandes fiestas de éxtasis en la Inglaterra de los 80 y 90. En un libro, hablaba de que hay una serie de personas que llevan vidas tormentosas y se dejan atraer por eso. Uno pensaría que una persona que está en una situación tormentosa busca una tabla de salvación, pero en realidad busca a otras personas que estén igual.

 

G: Sí, pero no, porque entiende que casi todas mis novias han sido anoréxicas o bulímicas.

 

Pero no creo que sea lo que has dicho tú. Hay algo oscuro entre los farloperos y las anoréxicas y bulímicas. He comprobado que se atraen de una manera brutal. Estas chicas, en mi caso y las que yo he conocido, son muy manipuladoras, muy destructivas y muy acomplejadas. Por eso buscan a tipos atormentados para poder atormentarles a ellos. Son chicas que necesitan atormentar a la persona con la que están y destrozar a su pareja siendo celosas y posesivas. Yo lo he visto y no solo con una, sino con todas con las que he estado en los últimos diez años. Hay una extraña simbiosis porque hay un enamoramiento enfermizo entre los dos.

 

¿Tú crees que los yonquis tienen una tendencia a caer en el victimismo?

 

G: Es la mejor pregunta que me han hecho en mi puta vida. ¡Completamente! Los yonquis son altamente victimistas. Antes de ser yonqui, uno ya es victimista. También pasa lo mismo con la anorexia y la bulimia. La gente victimista tiende a vidas autodestructivas y a destruir a los demás, que es lo peor, porque yo jamás he destruido a nadie; más bien lo contrario. Pero ellas, dentro de su destrucción, me han hecho creer que yo era destructor también a través de la manipulación, pero eso no es amor ¿eh?; el amor es todo lo contrario: llevarse bien y que no haya movidas. Me han tratado mal casi todas las novias que he tenido, pero no solo a mí, sino a todos los novios que han tenido y van a tener. Yo ya no permito ni una, pero también hay chicas con las que es maravilloso porque no es necesario tener este pensamiento de «no permito ni una», ya que ellas no tienen esa conciencia destructiva. Todo lo contrario: tiene la conciencia constructiva de que lo más importante es estar juntos y que las discusiones son un momento y ya está.

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Claro, un momento cotidiano, pero no la razón de ser…

 

G: Sí, pero a mí lo que me ha pasado con todas mis parejas es: tienes una movida, tú te olvidas de ella, pero ella no. Entonces la siguiente movida que tienes consiste en la movida anterior que tuvisteis, en la que os perdonásteis, más la nueva. La siguiente viene con las otras dos, así hasta que se vuelve una relación tóxica y destructiva. Al final, intentan sacar lo peor de ti para poder defenderse ellas con sus mierdas.

 

La memoria prodigiosa de la gente rencorosa…

 

G: Sí, pero la ayahuasca me dijo que tenía que perdonarlas. Que son gente que está mal y no puedo tenerles rencor.

 

Personas que buscan coartadas que justifiquen su existencia…

 

G: Me he dado cuenta de que buscan que llores por ellas y se sientan queridas. Te destrozan y luego lloran, te piden perdón y te abrazan.

 

¿Qué es lo que una persona debería buscar en su pareja?

 

G: El máximo buen rollo posible y el amor. A mí no me valen las parejas que dicen «Nos queremos, pero no estamos enamorados». Eres un puto perdedor. Hay que ir a saco. Que predomine el buen rollo, no ser demasiado orgulloso y, por supuesto, que si acaba una movida, acaba una movida; no ser rencoroso. Hay parejas así; es difícil, les ha tocado la lotería. La gente que dice que busca a gente con pasta me parece más realista en su idea del amor que aquellos que dicen «Yo busco alguien que me quiera» ¿Que te quiera cómo? ¿En plan posesivo o celoso?

 

¿Evitar que una persona tenga una relación contigo como la que tú tenías con la cocaína?

 

G: La cocaína es un gatito al lado de cualquier novia tóxica, porque yo me he intentado suicidar por exnovias, pero por la cocaína no. No me cabe ninguna duda de que las personas que son celosas es porque ponen los cuernos. Trabajo por la noche y lo he visto.

 

¿Tú has sido celoso?

 

G: Fui celoso con mi primera novia y desde entonces he decidido no serlo. 

 

Yo he visto a amigos supercelosos con sus novias que me han dicho «Vamos a irnos de putas a echar un polvo rápido», y yo les he contestado «Pero si está tu novia esperándote en casa». Yo prefiero el frío de Alaska al calor de una prostituta; no hay nada más patético que tirarse a una prostituta. Es de perdedores.

 

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¿Qué te ha enseñado la cocaína?

 

G: Todo. Te vuelve perceptivo, manipulador e intuitivo, sobre todo. Solo con mirar a una persona ya sabes como es. Con tres pasos sencillos la analizas: por cómo se mueve, cómo te mira y el estatus que tiene ya sabes qué puedes sacar de ella, y sueles fallar en muy pocas ocasiones.

 

¿Por eso la cocaína es la droga de los grandes triunfadores?

 

G: Ninguna droga es de los grandes triunfadores. Todos los que se han enganchado a las drogas han sido grandes perdedores por mucho éxito que hayan tenido. Han perdido, aparte de su tiempo, amistades, novias, familia, coches…De hecho, es curioso, porque la cocaína es algo muy nuevo realmente, hay centros especializados en cocaína y todo eso, pero hay un libro llamado Yonqui, escrito en los años 50, diciendo que la cocaína no engancha, y fue el primer libro serio sobre la cocaína. Lo lees ahora y te ríes, supongo que como se reirán de mi libro dentro de 40 años.

 

¿Qué te ha enseñado la ayahuasca?

 

G: Todo a nivel espiritual, y es mi dios. Si hay alguna religión para mí es la ayahuasca. Es algo que siempre estaré tomando una o dos veces al año. Es algo que no engancha, y no es una medicina destructiva, sino que es muy benefactora para el cuerpo; me quitó un bulto de los testículos. Yo le pedí a la ayahuasca que me matase, y casi me mata; estuve en el infierno, a punto de morir; todo el mundo abrazándome y diciéndome «Vete tranquilo», y yo llevaba diez años con un bulto en el testículo, cada vez más grande, y nunca fui a mirármelo. Al final no me morí, pero después de haber estado en el infierno, me cogí un taxi y me dice el taxista « ¿Has visto el partido de hoy? »…«Si usted supiese de dónde vengo…«Estoy deseando que un día un taxista me diga « ¿Has tomado ayahuasca alguna vez? », y yo le responda « ¿Has visto el partido de hoy? » [risas].

 

¿La ayahuasca te enseña cosas nuevas en cada toma?

 

G: Sí. Yo no soy un tío muy listo ni invento grandes frases, pero te voy a contar una historia para que veas que no te atontan las medicinas, sino que muchas te hacen más lúcido. Cuando estoy colocado de ayahuasca, la interpreto como si fuera una voz que me habla como si fuera el universo entero, una conciencia. Hay dos tipos de visiones: las estroboscópicas, y otras que tu te imaginas. Las dos son poderosas y llenas de conocimiento.

 

Las  visiones que te imaginas tú, pero que son muy fuertes. Si ahora mismo te digo que te imagines una tarántula, lo haces y no te da miedo, pero bajo los efectos de la ayahuasca es acojonante: notaba que me subía, y me dice una voz « ¿Por qué tienes miedo a la tarántula? », y le respondo «A ver si me va a picar o algo», y me dice «No hay ninguna tarántula; está todo en tu cabeza, pero te digo una cosa: las tarántulas pican por necesidad, los seres humanos pican por picar». ¡Esa frase no ha podido salir de mí! Me parece una frase grandiosa que no ha podido salir de un paleto como yo. Entonces está claro que conectas con algo real que todavía no sé lo que es.

 

Es probable que el subconsciente tenga reservas de conocimientos ancestrales…

 

G: Hay una teoría sobre eso ahora, que es la teoría de Gaia, que dice que básicamente estamos hechos de materiales de la tierra, incluso la conciencia. Es como Google, el centro de la Tierra. Antes se creía que uno nacía con instinto, pero ahora se cree que no es que tengamos instinto, sino que la tierra nos avisa porque estamos conectados a ella. Antes de todo eso estaba la teoría del Sim, que éramos mátrix dentro de un videojuego.

 

¿El corazón toma mejores decisiones entonces?

 

G: Cuando tomas ayahuasca, sí. Con la cocaína, tomas las peores decisiones.

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¿Has encontrado alguna conexión entre el humor y las drogas visionarias?

 

G: De hecho, se cree que los seres humanos nos hicimos inteligentes gracias a tomar sustancias visionarias. Nos abrió la mente y nos dio distintas formas de ver el mundo.* La comunicación es muy importante para la evolución, imagínate las plantas, que tienen raíces. Cuando yo estuve en Perú vi la planta de la coca, que es una mierda de planta, y le dije « ¿Y tú me has jodido la vida? », y ella me dijo que la culpa era de los demás, por haber separado una parte de ella, que ella es buena, y le escribí un deseo en un papel: el deseo era escribir el libro que tienes ahora entre tus rodillas. Le he pedido muchas cosas a la ayahuasca y me las ha concedido todas. Ahora me acojona porque las últimas tomas de ayahuasca han sido espantosas.

 

De lo horroroso también puede surgir algo útil…

 

G: Siempre se aprende algo útil. Lo bueno de los viajes con estas sustancias es que aprendes lo mismo de un buen viaje y de un mal viaje. También puede ocurrir que tú estés guay y la ayahuasca te pegue el peor viaje de tu vida. No siempre depende de tu estado de ánimo. Es más imprevisible que una novia tóxica [risas]. Lo bueno de la ayahuasca es que cuando se te baja a los diez minutos estás igual que antes de tomarla. No puedes ir a tomarte una copa porque te destrozas el estómago, pero te quedas normal, y luego cuando te levantas al siguiente día estás en comunión con todo lo que te rodea, mientras que con la coca y el éxtasis te levantas hecho una mierda.

 

¿Llegaste a probar el caballo?

 

G: No. Nunca me ha atraído. Tampoco los porros, que los he probado casi sin querer. Las personas a las que nos gustan los estimulantes rechazamos la heroína y los porros.

 

¿A qué personas suele atraer el caballo?

 

G: No tengo ni idea porque yo he sido más del otro lado de la moneda.

 

¿A qué personas suele atraer la farlopa?

 

G: A los victimistas, pero, en realidad, puede atraer a todo el mundo. No entiende de sexos ni clase. Antiguamente, los niños tenían acceso a la coca en las farmacias y había niños enganchados a la coca, pero yo conozco a pocos cocainómanos que se hayan muerto, aunque estoy convencido de que vamos a durar poco porque hemos tenido un desgaste del sistema nervioso. Yo no me veo con 90 años ni conozco a ninguno que haya llegado a esa edad. El cuerpo es como una goma que si la estiras 150 veces se va a partir. Muchos cocainómanos se vuelven sanos, empiezan a ir al gimnasio, dejan la coca y les acaba petando el corazón. Nuestro corazón tiene los latidos contados. Tenemos algunos extras por si pasa algo, pero los que hemos consumido tanta cocaína nos los hemos fundido. Por otro lado, la gente que se ha drogado conmigo tiene mi edad, así que no puedo elaborar un barómetro. En cambio, con la heroína sí que puedes durar hasta los 80 años porque es un depresor. O eso dicen.

 

En la antigua China los ancianos tomaban opio para evitar catarros y durar más…

 

G: La codeína se utiliza en los jarabes también.

 

¿El que es yonqui una vez lo es para siempre?

 

G: No, eso es mentira. Sí que tienes capacidad de poder drogarte en cualquier momento, pero a mí, por ejemplo, me daría un perezote volver a esa mierda de vida. Es que cuando dices yonqui la gente se espera que estés tirado en una calle, pero un yonqui es un tío normal que se droga. Con la heroína, por ejemplo, la gente piensa que es una droga marginal. La heroína arrasó en todos los barrios y toda España. La han vendido como droga marginal pero antiguamente le pasaba como a los homosexuales, que los echaban de casa y tenían que dormir en la calle, y eran considerados basura. Tú ahora ves a un heroinómano y parece un cocainómano. Se creía que los yonquis tenían ese aspecto por la heroína, pero, en realidad, era por el estilo de vida que llevaban. Actualmente, es difícil comprar heroína; tienes que irte a un poblado. Yo la he pedido una vez, a ver qué pasaba, para un programa piloto de drogas que estábamos haciendo y no salió, y me han cerrado la puerta. Además, ahora ya nadie se inyecta heroína.

 

¿Es difícil deja una adicción?

 

G: Cada vez me escribe más gente de Latinoamérica pidiéndome ayuda para dejar las drogas, sobre todo la cocaína, y mi respuesta es « ¿Estás preparado para hacerlo? ¿Quién te lo ha dicho? ¿Tu familia? ¿Tú? », porque hay muchas mentiras sobre esto, como que el drogadicto lo es para siempre, que el que se droga es porque quiere…La mayoría de las veces que yo iba a comprar cocaína no tenía nada de ganas. De alguna forma lo haces para evadirte. La gente que está metida en el mundo de la psicología y tal suele decir que quien se droga es porque tiene un problema. Eso es una gran mentira, porque no todo el mundo se engancha a las drogas y la mayoría de personas tenemos problemas. Yo creo que la gente que se engancha a las drogas es porque lo prueban, les gustan y se pasan. Luego el psicólogo, para sacar pasta, le dice «Cuéntame, pero ¿Qué te pasó en el pasado? ¿A que has tenido problemas con tus padres? » ¿Quién no ha tenido problemas con sus padres de mayor o menor grado? Entonces dice «Tu drogadicción viene de ahí», y han hecho un negocio con todo ello.

 

Yo me he dado cuenta de que la gente que quiere dejar las drogas, las deja y punto. Da igual que te vayas a un centro de desintoxicación o te vayas a trabajar a una tienda de maquetas en miniatura: es porque está convencido y no le apetece drogarse más. Es curioso porque, si tú ahora me presentas a alguien que diga que tiene un amigo que estuvo en un centro y le va genial, me tomo una cerveza con él, a ver dónde acabamos él y yo esa noche. Habitualmente me encuentro con gente que lleva cinco años sin consumir y esa misma noche, después de beber una cerveza, me ha dicho «Podemos ir a pillar». No todos, pero una gran mayoría. Por eso creo que contra las drogas, no hay nada: solo tú. Y me da mucha pena porque hay mucha gente enganchada a las drogas y muchísimas familias enganchadas a llamar a centros de desintoxicación para curar a su hijo porque ellos no pueden, porque para empezar, si no puede su hijo, no van a poder ellos, y mucho menos un terapeuta, que es una persona externa.

 

Yo no creo en las pastillas de psiquiatría. A todos los que hemos tenido problemas con las drogas nos han recetado estas pastillas y cuando las he tomado solo me han dejado tonto, pero nunca he perdido las ganas de consumir, y en muchos casos de suicidio, la persona que se ha suicidado lleva tres o cuatro años tomando antidepresivos. ¿Cómo es posible? ¡Porque no funcionan! Es posible que haya uno al que le haya ayudado, pero no a la mayoría.

 

¿Tuvo alguna persona algo que ver en tu desintoxicación?

 

G: Sí, por ejemplo, Rafael Millán, que es el autor del libro.

 

Regresas de Perú en 2012, y Jorge Segura y otros cómicos te organizaron uno de los primeros Comedy Roasts de España. ¿Cómo te sentiste?

 

G: Es curioso, pero cuando escribes un libro sobre coca estás orgulloso cuando te hacen un roast y te ponen de yonqui tus colegas; es gracioso. Según va avanzando tu  vida, todo eso se te clava como un puñal y eso se convierte, por un lado, en un infierno, pero por otra en un cielo. Hay gente que me admira por esto, pero es muy complicado que una suegra me admire por esto, así que cada vez que estoy con una chica es muy complicado, pero, bueno, yo he aceptado mi condición de vampiro.

 

Eso noto, que no te cuesta hablar del tema…

 

G: Yo en todas las entrevistas hasta hoy, no sé por qué, lo he evadido. En todas las entrevistas he pedido que no me hable de drogas, pero ¿de qué me vas a hablar? ¿De humor? ¡Es un coñazo! Mi teoría sobre el humor no interesa a nadie. Creo que tengo mejores cosas que transmitir a la gente.

 

¿Tienes algo en mente para el futuro?

 

G: Me gustaría escribir un libro sobre ayahuasca. Yo no he leído nada sobre ella en mi vida. Entonces me voy a basar en mi propia experiencia.

 

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Autor: Daniel Soler

Correctora: J. M. González Vera

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